24/9/16

Mi diario... Zamora, la bien cercada.

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"Mi diario... Zamora, la bien cercada" es un post muy especial. He tardado en compartirlo porque me ha sido tarea harto difícil seleccionar las fotografías. Y es que hice tantas y tan bonitas, que era algo previsible. ¡Más qué se puede esperar cuando disfrutas unos días de descanso en una ciudad tan impresionante como Zamora! ¡Acompañadme a conocer sus bellos rincones, os sorprenderá!

Río Duero, río Duero...

Hay que decir que si nuestros pasos nos llevan hasta la "bien cercada", lo primero que nos llamará la atención será el imponente río que la atraviesa, el Duero. Sí el que nos enseñaban en el cole que tenía el mayor caudal de toda la península ibérica y que nacía en los Picos de Urbión para acabar muriendo en Oporto. Es impresionante, bello y tiene un efecto sedante en el viajero que lo visita que podría pasarse las horas absorto contemplándolo. Muchos han sido los que han caído rendidos a sus encantos, pero para mí sin duda, Gerardo Diego en su "Romance del Duero" nos hace una descripción perfecta del río...

"Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja;
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.

Indiferente o cobarde,
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.

Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.

Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras..."


zamora la bien cercada rio duero aceñas

Y si el entorno ya es insuperable, se da además la circunstancia de que la mano del hombre ha mejorado el conjunto dando forma a mudos testigos que han acompañado a la ciudad a lo largo de su historia fundiéndose en la misma como pocas construcciones. Joyas de ingeniería civil, cada uno con una personalidad diferente. Piedra labrada, hierro, hormigón, pilas de fábrica, ménsulas, arcos, celosía metálica, etc. Todos destacan por motivos diferentes, su encanto, singularidad, diseño..., así que como podéis imaginar fue la primera de mis paradas. ¡Vamos a dar un paseo por los puentes de Zamora!

"Por los puentes de Zamora,
sola y lenta, iba mi alma.
No por el puente de hierro,
el de piedra es el que amaba.
A ratos miraba al cielo,
a ratos miraba al agua.
Por los puentes de Zamora,
lenta y sola, iba mi alma." Blas de Otero

zamora la bien cercada puente de piedra

Cinco son los puentes que atraviesan el río a su paso por esta ciudad, aunque hoy solo vaya a presentaros tres de ellos. El que veis en la imagen es el Puente de Piedra, que en algunas referencias figura como "Pontem Novum", de hecho no hay acuerdo en si como dicen algunos fue durante siglos el único paso del río en la ciudad, o si por el contrario convivió con un puente aún más vetusto, de hecho formaba parte de la calzada romana. Finalizó su construcción en el siglo XIII, todo un símbolo y visita obligada para el viajero que se acerque a Zamora. La cara que luce ahora no creáis que es muy antigua, pues fue en siglo XX cuando sufrió la última reforma que eliminó los elementos ornamentales e incluso dos poderosas torres que coronaban ambas orillas. Una lastima que estos baluartes se sacrificasen para hacer más fácil el tráfico rodado sobre el puente, cuando desde el año 2013 con la construcción de otro ribera abajo del río, ha vuelto a hacerse peatonal. ¡Una pena!

Y si este era el nuevo es porque tuvo que haber uno anterior. Pues sí, el Puente romano, también conocido como el puente viejo o el de Olivares. Un misterioso puente que fue destruido en el siglo X, sin que se pueda precisar si su perdida se debió a una catástrofe, accidente o acción deliberada que buscaría proteger la ciudad del cerco musulmán. Tampoco se puede asegurar que éste coexistiera con el Puente de Piedra, o si como afirman historiadores, la ciudad quedase casi tres siglos sin acceso directo teniendo que emplear para vadear el río, el paso de don García. 

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Avanzamos en el tiempo para detenernos en el Puente de Hierro, que data de finales del siglo XIX. ¡Me encanta la fotografía que tomé del mismo, en la que se puede admirar su celosía metálica tipo Cruz de San Andrés! Un puente de recio porte que se apoya sobre pilas de fábrica y que es obra de... ¡No, de Eiffel no, como aseguran algunos! Sino del ingeniero Prudencio Guadalajara, por si acaso lo aclaramos, que hay mucha leyenda al respecto. En Cáceres, Cuenca o Granada... sí encontramos la huella de Eiffel, pero en Zamora no, ni siquiera en el Puente de Requejo que algunos también le adjudican.

Si seguimos río abajo llegaremos a un precioso puente con una bonita historia tras él, el Puente de los Poetas. Obra de Javier Manterola, e inaugurado en 2013, comunica el barrio de Olivares con el Campo de la Verdad, que esconde bajo su superficie ecos de las muchas batallas que allí se libraron. Este puente iba a ser dedicado al poeta zamorano Claudio Rodríguez, pero su generosa viuda quiso que honrase a otros muchos poetas nacidos en estas tierras o que cayeron rendidos a los encantos del majestuoso Duero a su paso por la ciudad. 

Para cerrar este apartado, aunque ya sin imágenes (no me dio tiempo a verlo), deciros que el viaducto conocido como Puente de los Tres Árboles, es el lugar en el que se sitúa una de las estaciones de medición del cauce del río.

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¡La ciudad del Románico!

Muy a mi pesar, había que dejar el Duero atrás para adentrarse en la ciudad. Pero os aseguro que merece la pena dejarse llevar y disfrutar de sus calles empedradas, algunas empinadísimas, avenidas peatonales como Santa Clara o San Torcuato, edificios renacentistas (ni más ni menos que 19 encontraréis), callejuelas llenas de encanto, su bulliciosa plaza Mayor y muchos miradores. ¡Una verdadera maravilla! Pero es que además, si os adentráis por la Rua de los Notarios, podréis deteneos a leer los muchos versos que decoran sus paredes y si tenéis paciencia seguir su paso que os llevará hasta la Catedral. 

La verdad es que con Zamora cada vez que la visito, me ocurre algo similar a lo que sentí cuando vi por primera vez Santiago de Compostela... No hay rincón que no merezca ser admirado, un paraíso para el amante del arte románico, nada más ni nada menos que 14 iglesias podréis visitar, tan solo en su casco viejo, porque son 24 en total, 23 templos en el término municipal, 15 de ellos declarados cono Bien de Interés Cultural. Y todo ello sin contar su castillo, murallas o palacios. La ciudad del Románico salpicada de retazos de historia, en la que perderse sin remedio. Os atrapará y acabaréis regresando, ¡os lo aseguro!

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Y si de románico hablamos, sabed que esta bella ciudad esconde otra joya de especial rareza por dos razones. La primera, que es uno de los pocos ejemplos de arquitectura civil románica que se conservan en España. La segunda, que muchos consideran esta casa como la que dio morada al mismo Cid. Buscad la Casa del Cid en la parte trasera de la catedral, junto a la Puerta del Obispo y al Palacio Episcopal dónde mi peque me hizo esa preciosa fotografía que veis en su patio interior. 

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¿Traidor o salvador de la ciudad?

Os había comentado que en Zamora se respira historia en los rincones más insospechados, y ahora mismo voy a poneros un ejemplo, el Portillo de la traición o de la lealtad, según ha pasado a llamarse desde hace pocos años. Aparentemente puede parecer un simple acceso al recinto amurallado superior de la ciudad, pero guarda mucho más. 

El caso es que el rey don Sancho II de Castilla no quiso aceptar el reparto que su padre, el rey don Fernando, hizo en su testamento legando la ciudad de Zamora a doña Urraca. Por ello la sitió en un duro cerco que los zamoranos aguantaron no sin mucho sufrimiento, de ahí vendría el dicho posterior de que "no se ganó Zamora en una hora". Avanzado el asedio, un noble leonés llamado Vellido Dolfos fingió desertar del bando de doña Urraca y persuadió al rey con la promesa de mostrarle una entrada a la ciudad, para en realidad darle muerte y poner fin así al cerco. Hoy en día se conserva una cruz que señala el lugar exacto en el que se cometió dicha traición, la Cruz del Rey Don Sancho. El noble después cabalgó hacia las murallas y las cruzó exactamente por el portillo del que hablamos, perseguido eso sí por el mismo Cid.
"Gritos dan en el real:    -¡A don Sancho han mal herido!
Muerto le ha Vellido Dolfos,    ¡gran traición ha cometido!
Desque le tuviera muerto,    metiose por un postigo,
por las calles de Zamora    va dando voces y gritos:
-Tiempo era, doña Urraca,    de cumplir lo prometido." Romancero zamorano.

Como veis para un bando hablaríamos de un traidor, pero para el otro, para la ciudad fue un autentico héroe como así se le reconoció en el texto de desagravio que se leyó cuando se inauguró la placa que cambiaba el nombre del Portillo de la traición a Portillo de la lealtad, vosotros diréis con cuál os quedáis.

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No os puedo hablar de todo lo que tuve el placer de ver porque se haría este post interminable, pero si voy a nombraros dos lugares más. Comenzando por el Parador Nacional de Zamora, vamos el Palacio de los condes de Alba y Aliste. Mucha historia atesoran los muros de ese palacio que datan del siglo XV. Levantado sobre una antigua alcazaba musulmana para convertirse en la vivienda del primer conde de Alba y Aliste, Enrique Enríquez de Mendoza. Fue presa de un incendio que le llevó a años de abandono, antiguo correccional de mujeres y también casa de expósitos. ¡Un lugar con mucho encanto!

Y acabamos con el monumento del Merlú, en el que seguro que os hacéis alguna que otra fotografía. Está situado junto a la iglesia de San Juan Bautista y nos trae ecos de la austera y conmovedora Semana Santa zamorana a la que deberíamos dedicarle una publicación con mucho detalle, porque es digna de conocer.

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Y ya vamos acabando, pero no puedo concluir sin antes aconsejaros visitar la Catedral de Zamora que encierra un tesoro increíble por su rareza. Sí hablo del cimborrio de su cúpula bizantina del siglo XII, una de las pocas que hay en España, que exhibe una preciosa decoración exterior de escamas que sirvió de inspiración a ciudades como Toro, Salamanca o Plasencia. Fue edificada sobre los restos de la antigua iglesia Sant Salva­dor, arrasada por Almanzor y sufrió varias modificaciones, la última que ya le dio su aspecto actual de 23 años. Cuenta con tres naves y tres ábsides, siendo una maravilla perderse además por sus aledaños, jardines y castillo incluidos.  

zamora la bien cercada catedral cimborrio

No tengo duda de que os he dado a lo largo de estas lineas, argumentos y razones de peso para visitar en Zamora. Pero por si todo eso no os basta, sabed que la "bien cercana" no sana únicamente corazones sino estómagos. Podréis deleitaros con su espectacular gastronomía, envidiables carnes y vinos con mucha personalidad. Tenéis muchas opciones, algunas clásicas como el tapeo por la Calle de los Herreros, y  también restaurantes que os arrancarán un ¡wow!, castellanizado ¡guau!, como el "Rincón de Antonio". Allí probamos el el menú de las Edades del Hombre. Tomate emulsionado, salmón marinado, pularda, garbanzos de Fuentesaúco, carrillera, caña zamorana con helado. ¡Increíble! ¡Irresistible!


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Bueno y ahora sí me despido... Alguno dirá, ¡pero si no nos ha dicho porque la llaman "la bien cercada". Es cierto, sabed que le debe el nombre a Fernando I de León y Castilla, el Magno. Este la reconstruyó en el siglo XI, repoblándola con aguerridos montañeses  y amurallándola de nuevo. Y sí os aseguro que sus murallas son recias e impresionantes, pero para mí realmente Zamora es la bien cercada, porque sin que uno se dé cuenta se hace un hueco en el corazón del visitante, un lugar inexpugnable que ningún asedio podría burlar.

Mujer después de los 40

4 comentarios:

  1. Cristina, me has dejado enamorada de Zamora. Su historia, esos puentes, esos lugares de ensueño, la gastronomía... uf. Qué maravilla. La verdad es que dan ganas de visitarla. Me alegro de esos días que has tenido de relax, y por cierto, felicidades a ese fotografo tan bueno. Un beso muy fuerte :D

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    Respuestas
    1. Así es un lugar en el que perderse... Bueno y ya me dirás tú que un pajarito me ha dicho que te has ido a Zaragoza. Un abrazo amiga :D

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  2. gracias Cristina. un buen reportaje de mi tierra, es poco conocida y le viene bien tu publicidad. La próxima vez que vuelvas (por que seguro que vuelves) recorre sus pueblos y paisajes, te encantarán!!!
    Ahhh!!! se te olvidó mencionar a Viriato..!!!

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    Respuestas
    1. Sí... la verdad es que me faltaron días. Y que vuelvo seguro, es más estoy pensando hacerlo en Semana Santa que es espectacular. Y lo de Viriato es cierto, hasta hice fotografías pero por algún sitio tenía que recortar. Un abrazo muy fuerte Anabel, tu tierra es maravillosa :D

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Quiero agradeceros que visitéis mi pequeño rincón. Vuestros comentarios me animan a seguir cada día. Un abrazo :D

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