24/3/16

Mi diario... El Cristo Gitano.

Mi diario... El Cristo Gitano, de la procesión de la Hermandad de la Santa Cruz. Hoy regresa esta sección del blog porque me gustaría compartir con vosotr@s algunas de mis correrías de Semana Santa, y lo hago para relataros como viví una de las procesiones más bonitas y devotas de la ciudad de Alicante, la que algunos llaman la del "Cristo gitano" y lo haré de forma novelada para que sintáis de primera mano, como si hubieseis estado allí mismo, la pasada y maravillosa noche del Miércoles Santo. ¡Acompañadme!

Antes de iniciar el relato voy a daros algunas pinceladas de la Hermandad de la Santa Cruz y de su singular procesión. En ella se conjugan a la vez varios factores que la convierten una de las más queridas de la ciudad. Por ejemplo, el hecho de que sean costaleros y costaleras los que porten los pasos. El mismo recorrido, en el que se suceden sin tregua angostas calles, cuestas empinadas o largas escalinatas. Un descenso imposible que recorre el casco antiguo de la ciudad desde la ermita de Santa Cruz que data del último tercio del siglo XVIII. Un escenario espectacular, el del barrio de Santa Cruz a las faldas del Castillo de Santa Bárbara, en lo que es la ladera del monte Benacantil. Y por último, los maravillosos pasos o tronos que tiene: 

  • "El Cristo de Medinaceli" en madera policromada, conocido como el "Cautivo". Data de 1995 y es obra del imaginero Valentín Quinto.
  • El "Cristo de la Fe" que todo el mundo reconoce como "El Gitano", el más venerado, aplaudido y vitoreado. Obra del imaginero gaditano Luis Ortega Bru de 1964, que fue restaurada en 2004 por Gema Mira.
  • "La Dolorosa" de 1964, obra de Valentín Quinto en madera policromada. El año pasado estrenó saya firmada y donada por Pepe Espadero, en rojo y dorado en lugar del tradicional blanco que lucía. Este paso que portaban 32 sufridas costaleras lució por segundo año también una diadema de plata con apliques de estrella de un orfebre sevillano. Una "Virgen de los Dolores" guapa, guapa…
  • "Descendimiento", firmada por Antonio Castillo Lastrucci en 1946. El primer trono de Santa Cruz, y aunque él original en realidad llegase antes incluso de la Guerra Civil Española, fue quemado y destruido junto a la ermita por los republicanos. La composición de imágenes, que el Gobernador Civil de Alicante, D. José María Paternina Iturriagagoita, encargó fue una réplica del antiguo Descendimiento, resultando un paso impresionante de dos toneladas de peso.

El cristo gitano, la esperanza de tiempos mejores... 

Caminábamos sin saber muy bien hacia dónde nos dirigíamos, siguiendo el reguero de gente que se adentraba en el casco antiguo de la ciudad. El silencio entre los dos era cortante, denso como si de un gran bloque de hormigón se tratase. Las calles se hacían cada vez más angostas mientras que en proporción inversa, la aglomeración de expectantes visitantes crecía de tal manera que costaba abrirse paso entre esa gran marea de gente. Seguía sus pasos a poca distancia, callada, hundida, ausente..., hasta que de repente lo perdí de vista. Busqué, miré, escudriñé entre la gente pero fue inútil. No estaba. Minutos de incertidumbre que acabaron cuando escuché su risa casi furiosa que en otros tiempos me resultaba tan sensual y que ahora me hacía estremecer. Para mi desgracia se había encontrado con un par de compañeros del trabajo, y charlaba animadamente con ellos olvidándose de mí. Iba a caminar hacia dónde se encontraba, cuando algo me detuvo. Escuché los primeros redobles de tambor, que contestaban al brillante y poderoso sonido de las trompetas. Me acomodé como pude subiéndome a uno de los bancos de piedra que había en la gran plaza y en pocos minutos la multitud que se congregó en el lugar, me rodeó actuando como eficaz camuflaje y ocultándome ante sus ojos. 


Los primeros nazarenos con su vesta negra, cíngulo rojo y capirote negro, desfilaban ante mis ojos. La impaciencia de los allí congregados por encontrar un buen sitio para contemplar los pasos de la procesión provocó algún que otro roce e incluso insultos entre los espectadores pero yo permanecía impasible. Me sentía sola aunque estuviese literalmente rodeada de desconocidos que reían y compartían sencillas conversaciones entre ellos, sobre la hora en la que habían salido los cuatro pasos de la ermita, la pericia de los costaleros que a ras del suelo habían sacado de allí los tronos, o las increíbles maniobras que tenían que realizar en las empinadas cuestas de Santa Cruz. 

— Oficio, es lo que tienen, apuntó el hombre que tenía a mi derecha. 


— Ya verás, es increíble como se tambalea el Cristo por el esfuerzo que hacen los costaleros para bajarlo por esas escaleras de altos escalones , añadió la mujer que parecía su esposa. 


— Realmen
te es un milagro que logren portarlos evitando golpear balcones o sin llevarse por delante los cables eléctricos y farolas. Incluso los he visto sujetar los pasos sobre las rodillas para evitar los obstáculos o mantener el equilibrio, apoyándose en paredes y puertas—. Concluyó el caballero dirigiéndose a una aplicada acompañante que como yo parecía ser toda una novata en la materia. En ese momento escuché lejana, la primera saeta del recorrido y pude contemplar como se distinguía a pocos metros la imagen del "Cautivo" que arrancaba los primeros aplausos entre el gentío. La plaza enmudeció y el bullicio desapareció, los flashes de móviles y cámaras se dispararon, mientras que algunos afortunados desde los balcones alargaban el brazo para tocar la imagen.

Pasaron unos diez minutos o quince no podría precisar el tiempo que transcurrió, cuando el alboroto regresó, a lo lejos se acercaba el "Cristo de la Fe" y su público devoto lo esperaba con inquietud. Noté un dolor agudo y punzante en el brazo.

— ¡Perdóname! He perdido el equilibrio, una ya no tiene edad para auparse en estas alturas —. Era la acompañante novata, que casi da un traspié subida al banco como yo—. ¿Estas bien?  Me preguntó.

 Tranquila no se preocupe, no pasa nada . Mentí sonriéndole para evitar continuar con aquella conversación. No estaba bien, llevaba mucho tiempo sin estarlo y ese dolor no era sino un recordatorio de los golpes que ese salvaje había dejado marcados por toda mi piel. 



Me debatía perdida entre mis recuerdos cuando el eco de una nueva saeta me trajo una letanía que arañó mi piel. "La sombra de tu pena hace al frío estremecer", repetía el eco de una voz rota en el aire. Levanté la cabeza y lo ví, "El gitano" llamado así por el color de su piel, me contemplaba. Habían detenido el paso justo debajo del balcón dónde me encontraba y el público vitoreaba la imagen con pasión. Me fije en el rostro fatigado de los costaleros vestidos con su vesta negra, cíngulo rojo y toalla blanca y en el sudor que se derramaba por su frente, pero enseguida recuperé la visión de ese rostro de emoción contenida, que se escribía con un profundo gesto de dolor. Sufría y lloraba exhalando su último suspiro de vida. Me detuve contemplando las llagas y heridas que recorrían su piel y me estremecí. Sus estigmas eran los míos, pues mi dolor surgía de esa desaprobación severa, de ese rechazo y de ese maltrato al que me sometía, aquel que un día juró entregarme su corazón. Yo no entendía nada, vivía entre sombras, odiaba mi cuerpo, y hasta renegaba de mi voz como si mi propia anatomía o mi carácter fuesen defectos imposibles de enderezar. 

— ¡Viva, viva!— Gritaron mis vecinos de banco devolviéndome a la realidad. Desperté de mi letargo y contemplé inquieta como levantaban de nuevo la imagen para continuar la procesión. El gitano, romaní, zíngaro, rom, calé..., partía alejándose de mí. Ese nómada de inmenso corazón me dejaba. Rezaba el poeta que lo más profundo, elemental e incluso la sangre y el alfabeto de la verdad se encerraban bajo esa piel tostada, pero para mí era su dolor que yo compartía lo que me ataba a ese rostro. Lo perdí pues se diluyó entre la multitud y entonces me encontré con esos ojos que hicieron brotar de nuevo sangre de mis manos. Guillermo me miraba, me marcaba, me acusaba... Mi corazón se aceleró, claro indicativo de que el miedo regresaba y yo no podría evitar sucumbir ante él. Más de nuevo lo perdí, pues delante de mí se detuvo el paso de la "Dolorosa". La madre del Señor que desconsolada y sola lloraba su muerte. Su mirada era larga, profunda y se perdía en el horizonte. A sus pies unas sufridas costaleras que caminaban, sufrían con ella y no con poco esfuerzo portaban a su señora.



Contemplarlas me reconfortó, pues había mucha fuerza y aún más fragilidad en ellas, rezumaban voluntad, sacrificio y entrega. "Cantar de la tierra mía, que echa flores al Jesús de la agonía", "...siempre por desenclavar" escuché de fondo con la nueva saeta que arrancaba, "la fe de mis mayores", continuaba. Y me extravié de nuevo entre mis miedos, pero esta vez no pude sino concluir que no había estigmatizado sin estigmatizador, y entre Guillermo y yo, estos roles se habían sucedido e intercambiado de tal forma en los últimos años, que yo misma había aceptado ese juego sin oponer resistencia alguna. Había suprimido mi identidad entregándosela a él a cambio de una falsa promesa de amor, haciéndome invisible a sus ojos y lo peor a los míos. Me di cuenta de que había hecho todo lo posible para encubrirme delante de él, adoptando una apariencia distinta, separándome de todo lo que me recordaba a mí misma e incluso rechazando lo que me ataba a la mujer que un día fui sin él. Yo misma, me convertí en mi propio verdugo adoptando sus usos, sus valores, su voz y sus recuerdos...

— ¡Cuidado, háganse para atrás!— Escuché gritar a un policía a mi lado. Alcé la vista de nuevo para recibir el trono del "Descendimiento" y pude ver que su gran tamaño obligaba a los costaleros a abrir la curva que daban para enfilar la calle. Me bajé del banco siguiendo las instrucciones que acaba de escuchar, pero pasados esos momentos de confusión no regresé a mi privilegiada atalaya. Di media vuelta y caminé entre la multitud buscando una salida de la plaza. No miré para atrás, no lo necesitaba, no dejaba nada allí. Mientras me alejaba escuché de fondo el principio de la última saeta de la noche...
¿Quién me presta una escalera
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?

Sonreí ajustándome la bufanda pues el viento frío golpeaba mi rostro en la callejuela adyacente a la plaza. No miré atrás, no me detuve, ya nunca más lo haría. Pues como "El gitano" ahora sabía, ahora tenía, ahora sentía esa esperanza de tiempos mejores.


"Mi diario... El Cristo Gitano, de la procesión de la Hermandad de la Santa Cruz", acaba aquí. Espero que os haya gustado, nos vemos muy pronto con muchas novedades pero ahora os dejo para continuar con mis merecidas vacaciones. ¡Un abrazo!

Mujer después de los 40

14 comentarios:

  1. Me encantó guapa, gracias por compartirlo. Besos Sandra

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti guapa. Me alegra saber de ti. Un abrazo :D

      Eliminar
  2. Respuestas
    1. Pues no, de madera policromada aunque en este caso el material es lo de menos. Un saludo.

      Eliminar
  3. Qué hermoso Cristina. La verdad es que a veces, la devoción se siente, se siente por dentro, recorriendo las venas y erizando la piel. Preciosa la cofradía y las imagenes, y como siempre, hermosísima tu entrada. Un beso cariño :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A ti margarita, me alegra que te haya gustado. Un abrazo :D

      Eliminar
  4. Precioso, enhorabuena. Mi marido es costalero del Descendimiento y mis hijas de la Dolorosa, y me ha encantado esta entrada. Si tu Miércoles Santo terminó ahí, y no lo has visto nunca, te animo a quedarte el año que viene a la subida de los pasos a la Ermita. Es mucho más bonito y emocionante que la bajada. Un beso, paisana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No pude quedarme por los peques pero el año que viene no me lo pierdo. Un abrazo Carmen :D

      Eliminar
  5. Qué bonito...! Me encantan las procesiones de Semana Santa y el ambiente que se respira....no he tenido la suerte de ir a la de Alicante, pero las de Málaga tampoco están mal...
    Feliz semana!
    Stylettosbyana.blogspot.com

    ResponderEliminar
  6. Me encantan las procesiones de semana Santa en Espana! Algun dia volvere y vere la de Alicante! Gracias por llevarnos contigo, un beso!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eso sí que allí te será imposible de ver, si vienes te tomo la palabra y te llevo.

      Eliminar
  7. Me ha encantado!! Eres buenísima narrando...este año me las he perdido, he estado en Valencia cuidando de mis suegros, he visto las procesiones por la tele...el año que viene espero no perdérmelas!! Gracias guapa!
    Besos

    ResponderEliminar

Quiero agradeceros que visitéis mi pequeño rincón. Vuestros comentarios me animan a seguir cada día. Un abrazo :D

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Blogging tips