4/2/16

Relatos MD40... Firmado como "Tu Valentín".

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Relatos MD40... Firmado como "Tu Valentín", es mi forma de celebrar con vosotros este 14 de febrero, que nos visita de nuevo como cada "San Valentín". Denostado por unos, maltratado por otros, pero en el que nos deberíamos detener, no en la superficie, sino en el mensaje final que encierra. Pues celebra algo tan eterno como antiguo que enredándose en nuestras raíces más profundas, nos habla del amor. No os escribo una tarjeta sino este relato, espero que os guste. ¡Un abrazo a todos y a leer! 


Firmado como "Tu Valentín".

Muchas veces he pensado cómo hubiese sido mi vida, la de una mujer corriente, sin aquel instante que lo cambió todo. Más éste es un juicio inútil porque el tiempo corre siempre hacia delante por mucho que nosotros intentemos manipular las agujas del reloj a nuestro antojo. Han pasado veinte años, con sus siete mil trescientos días y diez millones y medio de minutos. Sería un imposible si no un verdadero desafío a la probabilidad recordarlo, perdido entre esa maraña inmensa de números, pero lo recuerdo. Pues que un evento se dé con mucha frecuencia, puede llevarnos a atesorarlo sin remedio o convertirlo en algo probable, seguro... Pero en mi caso no fue así, no. Yo disfruté de uno de esos soplos que únicamente se viven una vez en la vida, aunque consiguiésemos vivir ésta una y otra vez.

Cierro los ojos y lo recreo con nitidez, sin sombras, ni pesares. No hacía frío, no hacía calor. No recuerdo nubes, ni tampoco un sol brillante y justiciero, pero sí una sensación intensa que he retenido dentro de mí todos estos años. El airé era ligero, abierto, incluso diría que luminoso. Sí olía a verano, a luz y a esa alegría despreocupada que te da vivir el presente sin ansiar un futuro incierto o afligirte por un pasado no deseado. Nuestras miradas se encontraron, se estudiaron con curiosidad. Como dos detectives sagaces que buscaban pistas para sellar un recuerdo, una imagen fija de nuestra historia grabada en la retina. A los ojos, les siguió la sonrisa. La suya era cálida, pícara y confortable, de esas en las que perderse para no encontrarse nunca más. Yo lo contemplaba sentada en el soportal con mis amigas, mientras esperábamos que pasasen las tediosas y renqueantes horas que seguían a la comida, para entrar a clase de nuevo. Él pasaba por el instituto para saludar a un amigo. Caminaba hacía mí, pero las dichosas reglas arquitectónicas, caprichosas construcciones y lindes del camino, lo desviaron hacia la izquierda dónde giró de nuevo, subió un par de escalones y desapareció de mi horizonte. A cada paso que daba sus ojos  me traspasaban con tal fuerza que cuando lo vi perderse al doblar la esquina, mi corazón de detuvo unos segundos. No bombeaba como debería haberlo hecho, pues pareciera que quería salirse de mi pecho para ir en su busca. Tras él. 

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¿Fueron segundos? ¿Minutos? No lo recuerdo, no sabría decirlo. Porque acaso no valdrían una vida entera, momentos como aquel en el que volví a ver aparecer su rostro sonriente, que esta vez sí tomaba la senda adecuada y se encaminaba hacía mí. No quedaba un centímetro de mi piel que no vibrase al verlo acercarse, ni aliento que pudiese detener a un corazón que ahora sí acompasado le esperaba ansioso. Me preguntó mi nombre, me dio dos besos, me deshizo el alma y me regaló un presente maravilloso. Un preciado bien que aunque no todos pueden alcanzar, sí anhelan poseer con desesperación. Me enseñó a vivir despierta, a abrazar la pasión del ahora y a soñar como nunca antes lo había hecho. Y todo eso lo hizo sin esfuerzo alguno, con facilidad como si no hubiese podido ser de otra manera. Aunque en realidad arrasó mi vida, transformándola dramáticamente, para destruirla después. 

Fueron meses de pasión regalada, risas sinceras y complicidad necesaria, que vistieron mi alma de apego. Lo que no sabía entonces y aún ahora soy incapaz de entender fue el alto peaje que tuve que pagar. Y es que mi "Valentín" como burlonamente firmaba las notas que me dejaba en la mochila llegó a mi vida como si de un desastre natural se tratase. Rápido, súbito, profundo y violento. Lo primero que hizo es poner de manifiesto mi vulnerabilidad y debilidades, muchas de ellas desarrolladas a conciencia en esa etapa de presunción y energía desbocada que nos regala la adolescencia. Y, ¿cómo podría haberlo previsto? No existía manera, forma alguna de evitar la ocurrencia de que se produjese ese desastre. Una certeza que nunca nos enseñan en los cuentos de hadas con los que nos acunan, pues el amor duele tanto como sana. Por eso precisamente nos embriaga y arrebata, porque es capaz de tornar en color la oscuridad y en sombras los pequeños destellos. No obstante, he de reconocer que no estaba sola, contaba con grandes amigos que consiguieron mitigar los daños de este maravilloso cataclismo que viví. Algunos de ellos intentaron prepararme, prediciendo con una antelación asombrosa lo que se avecinaba e incluso dando la alarma. Pero no les escuche, pues cómo atender a esas llamadas, cuando suspiras por un beso suyo y éste te devuelve al paraíso. Aún puedo verme subida casi de puntillas, para rozar sus labios y robar, pedazo tras pedazo, todo su ser.


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Pasaron los meses, incluso los años y nosotros fuimos abandonando la burbuja en la que vivíamos en el instituto, para cambiarla por una cúpula mucho mayor, la universidad. Más abierta y tentadora, en la que se respiraba transgresión y no poca reivindicación, aunque en la mayoría de los casos el motivo fuese lo de menos. Nuestros caminos no se separaron, o al menos eso creía yo que vivía a través de él, de sus sueños e ilusa de mí de sus mentiras. Por eso echando un vistazo a esos años, no puede sorprenderme ahora, que cuando por fin supe que había pasado de ostentar el epíteto de "amante compañera" a "doliente acompañante", no tuviera capacidad de respuesta alguna. Fueron meses terribles llenos de desengaños, recelos y dolor, en los que me sentía incapaz de restablecer la normalidad a mi alrededor, ni siquiera a los niveles más básicos. Y poco a poco, casi de un día para otro, sin hacer ruido, desapareció. Sí como aquella vez que le vi doblar esa esquina cuando le conocí, aunque ya no regresaría nunca más.

Reconstruir mi camino fue complicado y lento, más lo conseguí. Y fijaos que digo mi camino, que no mi vida, porque ésta es mucho más paciente y sabia que nosotros y me tenía reservadas grandes y nuevas conquistas aunque yo no pudiese ni imaginarlas. Comencé por cimentar una buena base, esta vez más sólida aunque ligada con lágrimas y pequeñas cicatrices, para después poco a poco alcanzar e incluso superar mi punto de partida.

Abandono mis pensamientos porque siento frío. El sol se oculta y no calienta mi rostro. Me abrocho el abrigo rojo, ajusto mejor el gorro de lana y antes de cerrar el libro coloco el marca-páginas de papel rugoso y reciclado dentro. Lo siento, lo puedo saborear de nuevo. Él regresa a mí. Sonrío y leo.

 "Mi amor, te doy todo lo que tengo, todo lo que soy. No sé hacerlo de otra manera, ni lo pretendo. No te engaño, no te miento, cuando te digo que algún día no estaré. ¿Quién puede asegurar lo contrario? Nadie. Sí te prometo, que mientras esté a tu lado seré tuyo, solamente tuyo. Para ti y por ti. Mi amor, mi vida, mi amor. Firmado... Tu Valentín."  

Guardo el libro en el bolso y emprendo camino a casa, los míos me esperan. Supongo que lo he vuelto a hacer, dejándome llevar por recuerdos que siéndome muy queridos, en realidad supusieron un impacto profundo en mi piel y un daño irreparable en mi corazón. Pero es precisamente en días afectados como hoy, "San Valentín", en los que agradezco haberlos vivido, sufrido y encontrado. Pues para perder, primero hay que tener. Para valorar en su justa medida las cosas, antes hay que tener una referencia clara de su valor. Y yo la tuve. Ame y fui amada con entrega, con furia y con una fuerza tal, que concentrada en tiempo y lugar sería imposible mantenerla de esa manera sin dañar este testimonio. Camino, sonrío y me pierdo en su sonrisa aunque esta vez deba regresar y encontrarme más tarde de nuevo con la realidad.

Mujer después de los 40

23 comentarios:

  1. ¡¡Qué bonito Cristina!! Qué bien descrito y expresado, madre mía, me he enamorado y sufrido contigo. Una historia preciosa de un amor intenso. Y aunque girase en esa esquina... parte de él siempre quedará. Un beso muy fuerte preciosa, y ¡gracias! por esta bellísima historia.

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    1. Gracias a ti por leerlo, que me subes los colores jajajaja. un abrazo :D

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  2. Ni se que escribirte Cristina!! que bonito, te leo y me parece estar viviendolo, gracias y un beso

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    1. A ti artista vaya creaciones nos regalas, vengo de darme una vuelta por tu blog y te digo... ¡qué manos tienes!

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  3. Che bella storia d'amore Cris, solo tu riesci a trasmettere emozioni!!!!
    Kisses, Paola.

    Expressyourself

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  4. Me encanto tu historia Cris! Me has dejado pensando en el pasado :)
    Besitos

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    1. Pues regresa, regresa que en el "ahora" es donde mejor estamos. Un abrazo guapísima :D

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  5. Llevaba tiempo sin visitarte y me encuentro con esta maravilla. Me encantó guapa. Besos. Sandra

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  6. Me encantó el relato, y qué bien escribes....!!!
    Un abrazo,
    stylettosbyana.blogspot.com

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  7. Hola!
    Dios que pedazo de relato tan conmovedor, bello y profundo. Me ha emocionado y ha hecho que se me erice la piel.
    De verdad me ha encantado.
    Gracias por compartirlo con nosotros.
    Besos

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  8. Precioso Cristina como siempre tan dulce.....Justo me toca la vena porque despues de tantos años es dificil estar sola.....Sin embargo debo confesarte que tengo un romance imposible escondido en una manga. Si te lo contara escribirías una novela.....Cariños

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    1. Pues cuenta, cuenta que te tomo la palabra. Un abrazo para mi hadasuburbana favorita. Llenas de luz cualquier rincón, eres increible Ana :D

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    2. Gracias lo mismo vos !!!!
      Ya veré la manera de contarlo. Escribí un post con nombres falsos.....Isabella soy yo. Lo subo hoy a PTB .....fijate.

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    3. No lo subo te lo dejo acá...no se como mandarlo.....el pequeño accidente laboral pasó tal y como lo conté....el final, es el final que deseo para mi......no supe como mandarlo, leelo y si querés borralo....todos tenemos historias....http://hadasuburbanas.blogspot.com.ar/2013/02/isabella.html

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    4. ¡Qué bonito! La piel de gallina tengo. Un abrazo amiga :D

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  9. Me ha parecido tan bonita esta historia de amor adolescente que cuando la has acabado , quería seguir leyendo , no quería que terminase. Escribes maravillosamente bien . Enhorabuena preciosa.!!!

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  10. Ah! Te espero en mi nuevo post Un beso comovestirsealostaytantos.blogspot.com

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Quiero agradeceros que visitéis mi pequeño rincón. Vuestros comentarios me animan a seguir cada día. Un abrazo :D

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