15/9/15

Mis descubrimientos... "El Túnel del Amor" de Klevan.

 tunel del amor de kevlan ucrania
Hoy os traigo en Mis descubrimientos... "El Túnel del Amor" de Klevan. Seguro que habéis visto imágenes de esta maravilla en la red, yo misma utilicé una en el blog hace tiempo, pero hasta hace unos días no me pico la curiosidad de saber de qué lugar se trataba. ¿Vosotros lo sabéis? ¿Sí? ¿No? Para los que ya lo habéis ubicado os invito a recordar conmigo la bella historia de este lugar. Para los que no, ¡acompañadme porque os sorprenderá, será todo un descubrimiento!


Un viaje inolvidable al "El túnel de los enamorados".

Viajamos a uno de los países más grandes de Europa, cuna de los bellos Montes Cárpatos, y en los últimos tiempos, convulsa Ucrania. Nos detenemos al oeste en el distrito de Rivne, exactamente en Klevan. Una ciudad bañada por el río Stubla, cuyo asentamiento data del siglo XII con mención escrita y documentada en 1458. Si como viajeros nos perdemos  en esta pequeña ciudad podríamos visitar las ruinas de su castillo del siglo XV o la Iglesia de la Anunciación con su imponente campanario. Pero os aseguro que si hay algo que no nos podemos perder es la excursión que ya es uno de los reclamos turísticos más maravillosos de Ucrania. Y hasta aquí puedo leer… 

¡No, es broma! Lo que pasa es que para continuar nuestro viaje vamos a hacerlo novelado de la mano de una pareja de personajes muy especial Nastya y Antón.

"Un silencioso testigo".

La estación de ferrocarril de Klevan estaba exactamente igual a como la recordaba. Su acristalada entrada con techo a dos aguas y ese llamativo color rojizo de las paredes que tanto llamaba la atención. Habían transcurrido casi diez años desde la primavera en la que su vida se detuvo en aquella ciudad, pero mirando ese edificio, el tiempo parecía haberse congelado. 

Nastya se apretó las botas, sentada en un banco cerca de la entrada de la estación, y comprobó que llevaba en la mochila todo lo necesario. El polar, chubasquero, linterna, barritas de cereales, galletas, frutos secos y agua. La última vez que hizo esa excursión con Lola, iban prácticamente con lo puesto y no guardaba buenos recuerdos de aquello. Por aquel entonces tenía apenas veinte años recién cumplidos y Lola, dos más que ella. Llevaban más de un mes recorriendo Europa con el dinero que habían ahorrado trabajando el verano anterior en el que acabaron en la universidad, y la visita a Klevan era la última escala de su viaje.

Debía ponerse en marcha, porque tenía por delante una larga caminata de siete kilómetros siguiendo las viejas vías del tren. La ruta conectaba la ciudad con Rivne, pero lo que a ella le interesaba era  la sección de  vía ferroviaria  que llegaba hasta las instalaciones de una fábrica de madera, a la que tres veces al día un viejo tren de mercancías transportaba materiales. Sonrío al recordar aquel tren verde con su característica "v" blanca en la parte frontal y la barandilla amarilla de hierro a modo de pasarela. Pues subido a él fue la primera vez que vio a Antón con su cámara de fotos y su sonrisa perfecta.

Llevaba unos veinte minutos caminando pero no conseguía entrar en calor. El airé era frío, por lo que sacó el pañuelo de la mochila y se lo puso con varias vueltas alrededor del cuello. El invierno había sido  muy duro, y aunque ya era primavera y las nieves se habían fundido haciendo resurgir la naturaleza que se mostraba resplandeciente, el ambiente era gélido. La vegetación se teñía de un verde brillante e imponente y era imposible no disfrutar del paseo. Cerró los ojos y respiró profundamente. Caminaba de la mano de sus recuerdos.

— Nastya es la abreviatura de Anastasia, ¿verdad? — Le preguntó Antón cuando se conocieron.

— La verdad es que sí, mi madre tenía una idea muy peculiar de lo es un nombre fácil de recordar y no se pudo resistir. Su actriz favorita era Ingrid Bergman y su película…— Aún recordaba como él la interrumpió.

— "Anastasia" de Anatole Litvak rodada en 1956. Creo que fue con ese  papel con el que consiguió su segundo Óscar como mejor actriz.

— ¡Efectivamente así fue! Le contestó.

tunel del amor de kevlan ucrania
— Sabes, con película o sin ella, estás en el lugar indicado para una chica que se llama Anastasia. 

— Ahora supongo que me explicarás el por qué—. Le respondió sonriendo.

— Pues sí, Anastasia es un nombre de origen ruso que significa renacida, "aquella que tiene la fuerza para resucitar". Y viendo este pasadizo natural moldeado por el bosque que ha traído la primavera, me parece que te pega mucho —. No pudo, no quiso seguir recordando, dolía demasiado hacerlo. Nastya quería olvidar, quería despedirse, quería regresar… Y algo le decía que sólo allí dónde comenzó todo podría hacerlo. El rencor la mecía en cada uno de los pasos que daba y sus pensamientos se emponzoñaban. 

— ¡Anastasia! — Dijo en voz alta. Premonitoria película de muchos de los engaños que había sufrido en su vida. Porque el protagonista, Yul Brynner que encarnaba a un general ruso, trataba de aprovecharse de una joven amnésica que encontró a orillas del Sena y que por su parecido podría pasar por Anastasia, la hija del Zar Nicolás II. En cierto modo, al igual que el oportunista general, todo el mundo se mueve por puro interés, en algún momento de su vida, pensó Nastya mientras caminaba. Pero para ella diferencia estaba clara, una cosa era luchar por sus aspiraciones y otra muy distinta doblegarse ante ese egoísmo dañando a aquellos que tenía más cerca, a esos que sabía que nunca le devolverían el golpe. 

Perdida en sus reflexiones no se dio cuenta de que la vegetación comenzaba a espesarse y las copas de los arboles de ambos lados de la vereda se buscaban como amantes impacientes. De hecho el suelo parecía desdibujarse y convertirse en un inmenso tapiz verde brillante. Se estaba acercando. Advirtió que a unos doscientos metros la espesura se cerraba dejando a la vista la entrada del imponente túnel natural. Al percatarse de ello, el corazón de Nastya corrió acelerándose a medida que sus pasos la devolvían a un lugar alojado en su memoria. Un espacio casi irreal que se extendía a lo largo de aquella sección de tres kilómetros de ferrocarril privado.

A priori, un túnel es una obra subterránea que comunica dos puntos para posibilitar el transporte de personas o mercancías entre ambos, pero en ese espacio perdido en el tiempo nada era lo que parecía. La bóveda no era tal, sino un continuo de ramas y hojas entrelazadas caprichosamente y el ancho de la calzada, exactamente el hueco que dejaba el tren al pasar por allí. No había hecho falta ningún método de excavación, ni sortear masas de rocas, hacer voladuras o salvar terreno blando y arcilloso. La misma naturaleza y la acción del hombre en perfecta comunión habían creado un paisaje único e irrepetible. Los puntos de luz dibujaban además un ambiente mágico en pequeños claros por los que los rayos del sol se colaban. Un juego de luces con reflejos irreales y claro-oscuros misteriosos. Caminar por allí era como atravesar las paredes de un sueño y abandonar la realidad.

tunel del amor de kevlan ucrania

Nastya se adentró en aquel pasadizo de frondosos árboles en el que la naturaleza era dueña y señora, y el hombre un invitado privilegiado. Siguiendo un impulso se subió a uno de los raíles y como una funambulista caminó tratando de mantener el equilibrio. Podía ver a Lola haciendo lo mismo junto a ella años atrás cuando se adentraron en el túnel. Un guía del pueblo les contó que ese lugar era conocido como el "Тунель кохання" o "Túnel del amor", y que año tras año atraía a más parejas de enamorados que fieles a la leyenda de aquel lugar, paseaban juntos por la magnifica galería natural y pedían un deseo. Si se había hecho con la persona a la que uno amaba de verdad, éste se haría realidad. 

— ¡Nastya! No me digas que no es increíble, estamos aquí... Es una maravilla, es una maravilla—. Recordó lo que le dijo Lola eufórica nada más llegar. Llevaba años queriendo visitar ese lugar desde que lo vio en un programa de televisión  en el que pedían a los participantes que identificasen el lugar exacto a partir de una fotografía. ¡Qué jóvenes eran y qué fácil parecía todo entonces! Nada que ver con lo que se había convertido ahora su vida, porque en esa hermosa avenida su vida se detuvo, allí encontró a Antón que trabajaba para una revista y recorría el mundo fotografiando sus tesoros más recónditos. Él arrasó todo cuanto había en su vida como una fuerza natural incontenible y durante muchos años compartieron sueños, amigos, viajes, aficiones y amaneceres. Suspiró y notó como el frío tomaba su piel, ya insensible por la tristeza que arrastraba. Todo eso quedaba muy lejos, aunque Nastya siguiese retenida entre esos recuerdos que no existían para nadie salvo para ella. Porque simplemente él desapareció, se fue, abandonó su mundo y el de todos. 

Las lágrimas amenazaban sus grandes ojos, pero no se detuvo quería encontrar el lugar exacto en el que él la beso, sellando con ese beso algo más que dos bocas. Dos vidas. Lo buscaba en cada centímetro de tierra, en la brisa, en el mismo bosque. Pero sabía que debía despedirse de Antón, de su recuerdo y de su presencia. Debía regresar para poder empezar iniciar un nuevo viaje, esta vez en soledad. Se detuvo, había llegado. No sabía muy bien qué hacer, tampoco lo había pensando, y es que jamás creyó llegar hasta allí. ¡Qué tonta había sido! ¿Qué pretendía conseguir con solo pisar ese lugar? Acaso, la redención que liberase su alma del purgatorio en el que estaba retenida. No pudo contener la tensión y se rindió. Lloró, sollozó, gimió pero su llanto no sanaba, solo le traía mayor desconsuelo. De repente todo cambió... 
Una ráfaga de viento envolvió a Nastia. Subió por su espalda, caracoleó por su pelo y le susurró al oído. Sabía que Antón estaba junto a ella, lo podía sentir.

Me estaré volviendo loca, pensó. Ya no sabía si sus sentidos la confundían o si aquella sensación había sido real. El viento se recrudeció y como si contestasen a su dilema interior, las ramas de los árboles se mecieron con violencia. Cuando todo paró Nastya miró hacia el suelo y sonrío. Junto a ella vio una flor azulada, un barvinok. Se agachó y la cogió. Cerró los ojos y respiró, ya no estaba allí.

— Quiero que guardes esto, se llama barvinok. Es una flor típica de la estepa ucraniana, es preciosa y fuerte como tú. Florece todo el año, incluso en invierno y ni las fuertes nevadas consiguen marchitarla. Te recordará el día en el que nos conocimos—. Antón se la entregó y ella, con mucho cuidado, la guardó entre las páginas de su cuaderno de viajes.

Nastya abrió los ojos y se sentó apoyándose en las vías del tren. Cogió su mochila y abrió el bolsillo interior en el que llevaba la documentación. Saco un viejo cuaderno de piel y quitó la goma que lo mantenía cerrado. Las hojas se deslizaron con suavidad hasta que la libreta quedó abierta dónde estaba aquella bella flor que su amor le regaló. Colocó el segundo barvinok junto al marchito recuerdo y lo cerró. Estaba preparada, podía dejarle marchar, podía decirle adiós. Allí en aquel maravilloso túnel, que una vez más había sido un silencioso testigo de su amor.


Mis descubrimientos... "El Túnel del Amor" de Klevan, otro de mis improvisados relatos acaba aquí. Un lugar tan especial como el Túnel del Amor, se merecía una presentación también muy especial, así que espero que os haya gustado. 

Mujer después de los 40

8 comentarios:

  1. Precioso lugar y precioso relato, me encantó. Besos Sandra

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    1. Me alegro Sandra, es un lugar espectacular. Un abrazo :D

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  2. ¡Que bonito! Me ha encantado Cristina, la historia, los detalles, me he sentido en aquél lugar. Y el detalle de la flor... precioso. Las fotos son una maravilla. Una vez más ¡enhorabuena! :)

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    1. Mira que me suben los colores, muchas gracias guapa. Un abrazo

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  3. Hola Cristina, después de todo este tiempo fuera de circulación cuando vuelvo me encuentro con un relato tan boniiitooo... Claro que no podía ser menos viniendo de ti!
    Me ha encantado! Un beso muy fuerte.

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    1. Me alegro que te guste y muchas gracias por tus cariñosas palabras, pero más me alegro de saber de ti de nuevo. Un abrazo guapísima :D

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Quiero agradeceros que visitéis mi pequeño rincón. Vuestros comentarios me animan a seguir cada día. Un abrazo :D

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