27/9/15

Cocinando con... La receta de la ensalada Chopin.


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Cocinando con... La receta de la ensalada Chopin. No me he repuesto aún del atracón con la tarta de mascarpone (ver aquí receta), cuando me veis de nuevo en medio de otra receta. Y es que la que hoy os traigo es muy especial pues nace de una bella historia de amor. ¿Los personajes? Ni más ni menos que uno de los mejores músicos de la historia sólo comparable a Mozart o Beethoven dirían unos, un gran poeta y empedernido romántico añadirían otros. En definitiva un hombre que con su música no habló al universo, ni a la humanidad sino al corazón de cada uno de nosotros, un genio como Chopin. Y una mujer fuerte, independiente, ajena a prejuicios y convencionalismos que se rebeló ante la encorsetada sociedad de su época y nos legó una gran obra literaria, George Sand. Todo esto con un maravilloso pueblo de Mallorca de fondo perdido en la montaña y acariciado por el mediterráneo, Valldemossa. ¿Que receta puede salir con toda esta mezcla? Pues una sencilla y espectacular ensalada (doy fe la he probado). ¡Acompañadme a descubrir los secretos de la Ensalada Chopin.

Un invierno en Mallorca...
"Cuando la vista del fango y de las nieblas de París me sumerge en la melancolía, cierro los ojos, y vuelvo a ver, como en un sueño, esa montaña mallorquina salpicada de vegetación, esas rocas peladas y esa palmera solitaria perdida en un cielo rosado", George Sand.

Viajamos en el tiempo a 1836, a una reunión de amigos en el Hôtel de France, una mujer le murmura a otra... "Ese señor Chopin. ¿Es una niña?". Mientras el músico polaco a la salida de la reunión le confía al anfitrión... "Qué antipática es esa señora Sand. ¿Es una mujer? Mira que estoy por dudarlo". Seis meses más tarde en una nueva reunión, George Sand asiste ataviada a casa de Chopin al estilo polaco y queda prendada del músico al escucharlo tocar junto a Lizt. Así comenzó una historia de amor que duró casi diez años y cambiando la vida y obra de ambos. 

Avanzamos un poco más y nos vamos al verano de 1838, el hijo de Sand sufre aquejado de reuma y ésta es aconsejada por el matrimonio Marliani para que pase una temporada en una benévola isla llamada Mallorca. Así el 8 de noviembre de ese mismo año Frédéric Chopin, George Sand y los dos hijos de ésta llegaban a la isla en el vapor conocido como "es Pages". Tras pasar por tres alojamientos fallidos y unas semanas de sol y agradables paseos, el invierno se desató en Mallorca. Uno de los más fríos y lluviosos que los lugareños recordaban. Chopín enferma y se le diagnostica tuberculosis, lo que hoy en día es puesto en duda pues pese a que la enfermedad era altamente contagiosa no afectó ni a Sand ni a sus hijos, planteándose una posible fibrosis quistica. Aunque no lo fuese en realidad, el pánico cundió entre los vecinos, y nuestros viajeros fueron invitados a abandonar la finca que alquilaban, "So Vent" (en la que el dueño hizo blanquear las paredes como precaución tras su marcha que tuvieron que costear ellos mismos). Como dos atestados fueron acogidos por el cónsul francés y una fortuita excursión les llevó a la Sierra de Tramontana, en concreto al municipio más elevado de la isla que rodeado de olivos, almendros o algarrobos, vigía del mar y de tortuoso acceso les enamoró. Valldemossa, localidad que también acogió hombres ilustres como Unamuno, Borges, lord Chamberlain, Rubén Darío, Azorín o Sorolla entre otros.

Allí en la Cartuja de Jesús Nazareno junto al antiguo palacio, construido por el rey Sancho para su hijo asmático, encontraron refugio instalándose el 15 de diciembre de 1838. Aunque ni siquiera hoy en día haya acuerdo sobre qué celdas ocuparon, tanto es así que la cosa ha llegado a los tribunales. Se daba por hecho que alquilaron la celda número 2 que antiguamente tenía el número 1, cuando en realidad ocuparon la número 4 que antes era la 3. Así que mucho me temo que muchos turistas habrán visitado la celda equivocada. ¡Celda arriba, celda abajo! Yo no puedo sino imaginarme a la escritora y al músico resguardados tras esas paredes de piedra de la copiosa lluvia, mientras el viento furioso mecía las palmeras a su antojo y hacia golpear las ráfagas de lluvia contra los ventanales. La misma escritora describió aquel lugar como...
“Uno de esos paisajes que atrapan porque no nos deja desear ni imaginar nada más...”, George Sand.

Ahora que las inclemencias del tiempo no fueron los únicos contratiempos que tuvieron que afrontar, pues la relación de la pareja con los valldemossinos fue de todo menos amistosa. Amandine Aurore Lucie Dupinuna, como se así se llamaba la escritora, inmortalizó esa estancia en su famoso “Un hiver à Majorque” o “Un invierno en Mallorca”. Un libro a medias entre un diario y una guía de viajes, que no ha estado exento de polémica ni en su época ni en la actualidad. Por poneros algún ejemplo, aquí tenéis las no muy cariñosas palabras de José María Quadrado, en su artículo "Jorge Sand: "Vindicación" de 1841 en el que la describía como... "Jorge Sand (su seudonimo castellanizado) es la mas immoral de los escritores y Madame Dudevant (su nombre real) la mas inmunda de las mujeres". O las conclusiones de Antoni-Lluc Ferrer, acerca de su obra de la dice que muchos de los parajes descritos no fueron visitados en realidad por Sand, sino que son una ficción que describió a partir de dibujos del francés Laurens mezclada con las experiencias que vivió allí. 

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¡Realidad o ficción! A mí no me extraña en absoluto que una mujer como ella pusiese la isla patas arriba y no dejase títere con cabeza. Una mujer que vestía como un hombre incluído el sombrero alto, fumadora, con fuerte personalidad, ajena a convencionalismos y normas sociales, escritora, madre, ex-esposa dada a la fuga, amante de un hombre que no era su marido y sobre todo libre. Era normal que chocase con los habitantes de aquel lugar acostumbrados sin duda a otras rutinas y prototipos de mujer. 
"Te hago, pues, gracia de ella, limitándome a decirte, para completar los detalles que te debo sobre esta ingenua población mallorquina, que,  después de haber leído mi narración, los más hábiles abogados de Palma –según me han dicho, en número de cuarenta- se reunieron para redactar, entre todos, un tremendo alegato contra el escritor inmoral, que se había permitido reírse de su amor al lucro y de sus afanes para la cría del cerdo. Viene al caso, como dijo el otro de decir que entre todos tuvieron ingenio como cuatro", Carta de George Sand.

Su aventura en la isla terminó abruptamente un 13 de febrero de 1839 cuando el empeoramiento del músico precipitó su regreso a París. Podría deciros que no se separaron hasta su muerte, pero no fue así porque la casi una década que compartieron juntos finalizó cuando un Chopin ya agonizante le pidió a Sand que dejaran de verse, no podía permitir que lo acompañase en sus últimos momentos, quería evitarle ese trance. Él nos abandonó el 17 de octubre de 1849 y ella el 8 de junio de 1876. Dicen que la encontraron sola, sentada en el sillón de su alcoba, apretándo con fuerza un relicario que cuando lo abrieron estaba vacío. Yo quiero imaginar que la fotografía que guardó durante mucho tiempo en él fue la de su gran amor Fryderyk Franciszek Chopin.

Os dejo con la imagen del músico componiendo en el celda cartujana mientras Sand cocina para él intentando probar nuevas recetas con las que animar su escaso apetito y devolverle las fuerzas a su maltrecho cuerpo. Una bella historia ¿no?


"Ensalada Chopin", ingredientes:

- Tomates deshidratados.

- 1 lata de anchoas en aceite.

- Un puñado de alcaparras.

- Aceitunas verdes sin carozos.

- 2 ajíes o pimientos verdes.

- Sal, pimienta, vinagre de vino y aceite de oliva.

- Queso de cabra para untar.

- Pan casero.
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Receta de la "Ensalada Chopin":

He encontrado muchas referencias en la red sobre esta ensalada, pero para seros sincera llegó hasta mí hace ya muchos años leyendo una joya de libro que a los amantes de la cocina, de la historia y por qué no de las curiosidades les encantará, hablo del "Elogio de la berenjena" de Abel González.  Voy a describiros cómo preparé la receta siguiendo sus indicaciones:

1. Asamos los ajíes hasta que veamos que la piel se desprende con facilidad, sacamos del horno dejamos enfriar, quitamos la piel y cortamos en finas tiras. En mi caso los sustituí por pimientos verdes porque tienen un toque picante que no me iba mucho, pero vosotros podéis elegir lo que más os guste.

2. Hidratamos los tomamos desecados, si fuese a la vieja usanza con sumergirlos en abundante agua mineral caliente alrededor de 45 minutos bastaría, pero siguiendo la indicación de la receta en la que George Sand apenas los hidrataba opté por dejarlos quince minutos. Después los retiramos, dejamos escurrir y cortamos en cuadrados.

3. Cortamos también las anchoas en aceite en trozos, quitamos los carozos (¡vamos el hueso de toda la vida!) de las aceitunas verdes y hacemos rodajas con ellas. Añadimos un puñado de alcaparras.

4. Para presentar la ensalada ponemos el pimiento como si de un lecho o base se tratase y vamos añadiendo encima el resto de los ingredientes. Aliñamos con generoso aceite de oliva, un poco de vinagre, un poco de pimienta negra y si queréis ahorraros la sal os aseguro que con la anchoa ya tenéis un toque salado más que suficiente. 

5. Untamos queso de cabra en rebanadas de pan casero para acompañar y disfrutamos de esta maravillosa ensalada. No me extraña que encandilase al músico polaco que la popularizó por todo París al pedirla en cada restaurante al que acudía. Cada sabor acompaña al anterior y todos ellos se funden con ese queso poderoso en un conjunto que sorprende.

Al probarla no pude sino imaginar a un frágil y cada vez más enfermo Chopin, resguardado entre los muros cartujanos de su residencia de Valldemossa, componiendo gran parte de sus preludios, la Polonesa en Do menor o la Mazurca en Mi menor, por citaros algunas de las maravillas que nacieron de ese frío invierno (Al final os dejo uno de mis favoritos). Y a una atareada George Sand que alternaba sin descanso sus labores de madre, amante, enfermera, gobernanta y escritora, preparando esta maravillosa ensalada a la espera de la caída de la tarde en la que el músico dejaba de componer y jugaba un rato con los niños antes de sentarse todos juntos a cenar. Un invierno en Mallorca que la ensalada Chopin nos permite saborear y recrear a la perfección. ¿Os atreveréis a preparar la receta? ¿Qué os parece?




Mujer después de los 40

8 comentarios:

  1. Es una historia preciosa, y triste. El amor... ya se sabe. Puede ser lo mejor del mundo, o hacerte daño, depende. En cualquier caso, la ensalada siempre es sana, así que me quedaré con ella y con esa maravilla de pieza de Chopin. Un beso Cristina:)

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    1. Te quedas con lo mejor, ya me contarás qué tal te sale guapísima. Un abrazo

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  2. Preciosa historia como dice Margarita y sugerente receta, me vuelve loca el queso de cabra así que la pruebo seguro. besos Sandra

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    1. Hola guapa, pues ya me diras entonces a mí me gusto mucho. Un abrazo :D

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  3. Che bello questo post, una storia molto interessante!!! Mi piace l'insalata!
    Kisses, Paola.

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    1. Buenas guapísima, ymuchas gracias. Me alegra que te haya gustado. Un abrazo Paola :D

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  4. Respuestas
    1. Me alegra mucho que te guste, voy a verte un rato que hace días que no me paso por tu blog :D

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Quiero agradeceros que visitéis mi pequeño rincón. Vuestros comentarios me animan a seguir cada día. Un abrazo :D

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