21/4/15

Los números de la vergüenza: Inmigración y Refugiados.

 drama numeros inmigracion y refugiados
Es imposible mirar hacia otro lado. ¡Sí! La terquedad y frialdad de los números nos hacen girar la cabeza y contemplar esta tragedia humana. "Los números de la vergüenza: Inmigración y Refugiados", habla precisamente de eso. Porque parece que solo somos sensibles cuando la muerte llega hasta nuestra casa, hasta nuestra puerta. Por eso os he reunido aquí números, de esos que dan verdadera vergüenza y hablan del sufrimiento de muchas personas que como bien dijo el Papa Francisco I... "son hombres y mujeres como nosotros, hermanos nuestros, hambrientos, perseguidos, víctimas de guerra, explotados, que buscan una vida mejor". Al final os dejo también mi pequeño tributo a todos ellos, un mini - relato, "Noah Dika, el niño de Douala".

"...sólo me viene a la cabeza la palabra vergüenza, es una vergüenza", Papa Francisco I.

Son hombres y mujeres como nosotros...

+ 50% ACNUR, la Agencia para los refugiados de las Naciones Unidas, nos alerta de que el número de refugiados ha crecido en el último año un 50%, más de 860.000 personas. La cifra da escalofríos si tenemos en cuenta que nos tenemos que remontar veinte años tras para encontrar datos similares, provocados en aquel entonces por la guerra de Bosnia.

1º Puesto. El pueblo sirio, iraquí y afgano ocupan por ese orden el triste podium de número de peticiones de asilo

800.000 Eso sino hablamos de los más de 800.000 refugiados africanos perseguidos por el hambre, esa sensación que te convierte en un animal desesperado, datos de 2014. Pues son ya casi dos millones y medio las personas atendidas en diferentes asentamientos diseminados por el continente africano, que dependen de la ayuda que llega desde el exterior.

2/3 ración diaria. Cifras que contrastan con la reducción de la financiación de operaciones humanitarias en un mundo de opulencia y abundancia, pero solo para unos pocos. República Centroafricana, Chad,  Liberia, Burkina Faso, Mozambique, Ghana, Mauritania, Uganda, Kenia, Etiopía, la República Democrática del Congo o Camerún, por citar algunos, países que han visto reducidas las raciones diarias de alimentos en los campos y asentamientos de refugiados.

205.000 niños padecen desnutrición aguda en los campos de refugiados africanos. En Gbiti, por ejemplo, la desnutrición severa alcanza al 40%. 
Si queréis colaborar podéis hacerlo en www.hambreafrica.org / 902 218 218.

Llamamiento urgente para Sudán (aquí)
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3 millones de refugiados en tres años de conflicto, cifras que han llevado al pueblo sirio a una situación límite. Sólo el Líbano acoge ya a un millón de sirios y Jordania trata de prestar su ayuda en el segundo campo de refugiados más grande del mundo, Za'atari. A estos datos escalofriantes podemos añadir los más de seis millones de desplazados que malviven dentro de Siria. Un país desmembrado con más de 100.000 muertos en una sangrienta contienda, unos 10.000 son niños.

Emergencia en Siria: www.eacnur.org / 902 218 218 /SMS* con la palabra ACNUR al 28014.

"Una familia me dijo que estuvieron cociendo raíces venenosas durante 6 o 7 días para eliminar así el veneno y tener algo que comer" Antonio Gutierrez, Alto Comisionado de ACNUR.


57.300 inmigrantes irregulares han llegado a Europa en el primer trimestre de este 2015, casi tres veces la cifra que se registró en 2014. Llegan por los Balcanes, por Italia, las islas griegas, Bulgaria, España... Y la previsión es que estas cifras sigan aumentando, porque las altas temperaturas y la problemática que empuja a millones de personas a abandonar sus casas no cesa. Conflictos en Oriente Próximo, la presión demográfica en África, el polvorín en el que se ha convertido el Cuerno de África, la devastada Somalia, el tráfico de personas, la persecución religiosa en Afganistán, la represión política en Eritrea, las guerras, el hambre, las pandemias, la falta de oportunidades... Números e historias de pesadilla. No hay recursos para hacer frente a esta marea humana, no hay personal, el Frontex está desbordado, pero sobre todo falta voluntad política real de hacer algo, ambición y sensibilidad. Estamos ante una crisis humanitaria que no se soluciona poniendo más policías en las fronteras, requerirá un compromiso mucho mayor por parte de todos.

800 inmigrantes muertos en el naufragio de la embarcación en la que viajaban hacinados, en la madrugada de este pasado domingo. Lampedusa vuelve a ser el escenario de un drama de magnitudes alarmantes. Solo la semana pasada las fuerzas italianas rescataron 10.000 inmigrantes en esas aguas. Y estos muertos han de sumarse a los más de 900 que se contabilizan en lo que va de año. En 2014 murieron unas 3.500 personas intentando alcanzar Europa por el Mediterráneo, este 2015 las cifras se pulverizarán. 

Una  de cada nueve personas en el mundo no tienen alimentos para llevar una vida saludable y activa. Solo Asia registra dos tercios de ese total, aunque el África subsahariano sigue siendo la región que presenta un mayor porcentaje de población con hambre

Más de 3 millones niños mueren cada año por desnutrición, eso sin contar el índice de peso inferior al normal de 100 millones de niños, o el retraso en su crecimiento para 1 de cada 4 niños de un país en desarrollo. Una infancia marcada por el hambre, las guerras y la fatalidad.

Números de la vergüenza... No es cierto que el hambre sea uno de los males irremediables de la humanidad, sí lo son nuestro egoísmo y soberbia, porque vivimos en un planeta rico, en el que la producción agrícola actual valdría para alimentar al doble de la población mundial. ¿Por qué entonces se perpetua esta lacra que niega un derecho fundamental a millones de personas? Los factores son muchos, la violencia misma es uno de los grandes desencadenantes de hambrunas severas, si niegas a un pueblo su capacidad para producir y distribuir alimentos, lo estás condenando a morir de hambre. Pero hay muchos más, políticas comerciales, pobreza, falta de agua, pandemias, discriminación de la mujer, desastres naturales, conflictos armados y la utilización del hambre como una forma de subyugar de silenciar poblaciones enteras.

Aprovecho también para recordaros que hoy es el "Día Internacional de la Madre Tierra", aquí podéis ver mi recordatorio... "Carta a la Madre Tierra", os gustará.

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Los números de la vergüenza... Noah Dika, el niño de Douala.

Más de doscientas lenguas se hablan en mi país y en ninguna de ellas encontraría palabras de consuelo. Dejo atrás mi vida, mi familia, mis raíces. Pero también el hambre y  la desolación de una vida sin esperanza. No soy un niño de Douala, porque en realidad llegué al barrio de Bonabéri desde el Extremo Norte, una de las provincias más pobres de mi país. Mi familia llegó huyendo de un infierno para acabar en otro. Mi padre y mi hermano mayor fallecieron de sida hace más de un año y apenas si tenemos para comer mi madre, mis dos hermanos pequeños y yo. Aquí no queda nada para mi, un simple mosquito tendría más porvenir que yo, y con una sola picadura podría acabar conmigo, porque no tenemos ni medicinas, aún recuerdo las pastillas falsas que le vendieron a Youmssi. No puedo estudiar y tampoco tengo trabajo, solo pobreza y desesperación, de esas me sobra.

Me pican los ojos, pero ya no tengo lágrimas que derramar. Es de noche y escucho a mi madre acostando a los pequeños, dejo el poco dinero que he ahorrado en la lata y salgo a la calle. A partir de ese momento la noche será mi guía, todo con tal de evitar a la policía y llegar a Marruecos. No miro hacia atrás, no podría partir si lo hago. No me despido, no podría partir si lo hago. No pienso en nada, aprieto los puños, comienzo a caminar y me hago una promesa: "No pasarán una día más sin tener que llevarse a la boca"

Cruzo el puente y dejo atrás el río WuriHe oído muchas historias, como la del primo de mi mejor amigo que partió hace meses y llegó en patera desde Dakar hasta Canarias. O la de algunos que han conseguido atravesar el estrecho a nado, sujetos a la espalda de porteadores y previo pago de unos 1.300 euros. Ahora se oye menos hablar de pateras, porque casi todos buscan saltar la valla de Melilla y llegar al otro lado, a la luz, al paraíso. Estos pasos que estoy dando escriben ya mi camino, que no sé dónde me llevará. ¿Llegaré a Marruecos? ¿Conseguiré cruzar la frontera? ¿Cuánto tardaré en reunir el dinero necesario para dar el salto? ¿Cómo sobreviviré si apenas cuento con lo puesto? Demasiadas preguntas en un horizonte tan opaco que hasta la poderosa luz se niega a entrar.

...

La brisa golpea con suavidad la costa. He perdido la cuenta de las noches que llevamos al raso, bajo la lluvia y el frío esperando una oportunidad para descender de la montaña. Son dos años y medio de un viaje sin ley, sin descanso. El valle se alza ante mí con sus maravillas y su luz, como contemplar a Etó llorando cuando vio un semáforo, desconocía la luz eléctrica y me pase varios días intentando explicarle cómo funcionaban los códigos de color. He conocido a un comerciante que algunas noches me da cobijo y que me ha facilitado un teléfono móvil, si consigo cruzar debo contactar de nuevo con él para que dé aviso a mi familia de que sigo vivo. ¡Vivo! Tengo treintaitres años y aunque algunos hablen de cuarentaicinco o cincuenta años como la esperanza de vida en mi país, sé que esos son unos pocos privilegiados, la mayoría no alcanzará los cuarenta. ¿Quién quedará a mi regreso? ¿Quién dará fe de que un día estuve allí?

Siento el frío de la noche, ya no hay marcha atrás. El mar está en calma pero tengo mucho miedo. La sal, el agua que se me cuela por la nariz, la falta de comida y la desesperación hacen mella en mi. Podría morir ahogado ahora mismo y nadie lo sabría, simplemente desaparecería. Pero ¿acaso he vivido alguna vez? Cierro la boca ahogando mis ganas de gritar y aprieto los dientes, no quiero ser un número más. Los números de la vergüenza que tiñen el Mediterráneo de sangre y cuerpos hinchados. Desfallezco y apenas logro mantener abiertos los ojos, alguien me saca del agua. Sonrío he llegado, he dejado de hacer planes, he dejado de pensar...


"Los números de la vergüenza: Inmigración y Refugiados" concluye aquí. Éste es un rompecabezas construido con la vida muchas personas anónimas que cada día pierden su vida buscando un mañana, una oportunidad. Bertín y Baalá, que han inspirado esta historia, lo consiguieron pero otros muchos no, pasando a convertirse en un número más de la vergüenza, nuestra vergüenza

Mujer después de los 40

8 comentarios:

  1. Me sobrecogió el relato Cristina. Besos Sandra

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    1. Un abrazo Sandra, creo que no valoramos lo que tenemos, deberíamos estar mucho más agradecidos y ser más felices. :D

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  2. Hai perfettamente ragione Cris, sono uomini come noi... dovremmo vergognarci!!!
    Kisses, Paola.

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    1. Una repasa las cifras y se te cae el ama a los pies, son devastadoras. Un abrazo guapísima :D

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  3. Qué decir, si no hay ni palabras. Algunos podemos aportar mínimas cantidades que ayudan pero no solucionan el problema. La verguenza es que los que pueden hacer algo realmente no muevan un dedo, eso sí se les llene la boca de buenas y grandes palabras y al final nada. Qué pena.

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    1. Lo has expresado perfectamente, cuando falta voluntad, poco se puede esperar. Besos :D

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  4. Todos tenemos un poco de culpa en esto, porque para que ellos vivieran mejor, nosotros tendríamos que renunciar a parte de nuestro bienestar, somos egoístas por naturaleza.
    Es verdad que si realmente interesara este problema dramático de la inmigración otro gallo cantaría, por desgracia tenemos que seguir conviviendo con los números de la vergüenza, pero siempre con la esperanza de que los que tienen el poder tomen cartas en el asunto de una vez por todas!!

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    1. No le pongo ni una coma, coincido contigo en todo. un abrazo :D

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Quiero agradeceros que visitéis mi pequeño rincón. Vuestros comentarios me animan a seguir cada día. Un abrazo :D

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