20/12/14

Relato de Navidad... Un ramillete de margaritas azules.

Relato de Navidad Mujer despues de los 40

No me he podido resistir, aunque este año me propuse no ponerme muy navideña, al final me ha sido imposible. Eso sí en pequeñas dosis, por eso aquí os dejo este breve "Relato de Navidad", espero que os guste porque es mi forma de felicitaros desde "Mujer después de los 40", estas fiestas tan especiales y desearos que paséis unos días maravillosos rodeados de los vuestros.

¡Feliz Navidad!


Un ramillete de margaritas azules.

Cogió la bufanda, las llaves y bajó corriendo a la calle. Quería llegar pronto al puesto del mercado, luego las colas se hacían interminables. Además se olvidó de encargarle a Encarni lo suyo para la cena, tenía que ser de los primeros o se arriesgaba a quedarse sin ello.

— ¡Siempre con las prisas de última hora! Se dijo mientras se abrochaba la parka. El viento era gélido, sin duda el invierno se hacía notar, llegaba tarde y por lo que parecía esas navidades serían frías e inhóspitas. 

La plaza de las flores lucía espectacular, como siempre a esas horas, en las que todos los puestos abrían y sacaban toda la mercancía al exterior. Recordó como solía comprar allí las margaritas azules que tanto le gustaban a su mujer, Lola. Eran totalmente naturales y tomaban su azul intenso de un tinte que impregnaba sus hojas a través del agua. Los sábados siempre le llevaba un pequeño ramillete cuando bajaba a hacer la compra. ¡Esos eran otros tiempos!, y nunca volverían por lo que era inútil e infructuoso recordarlos. Sin embargo, aunque tratase de mantener la distancia, el dolor y la añoranza se colaban de vez en cuando en su viejo corazón, y era difícil sacarlos de allí, también formaban parte de él, de su vida...

— ¡Buenos días, Encarni! Saludó afectuosamente Manuel.

— ¡Dichosos los ojos! ¿Te pongo lo de siempre o cenaremos algo especial? Contestó ella.

Ponme medio kilo de esas chuletas de cordero que salen tan buenas.

— ¡Ay Manuel, Manuel! Mira que siempre te digo que me lo encargues, no me queda ni una, pero veré que tengo por ahí. Dame un minuto.


— ¡Vaya fastidio! Pensó Manuel, para un día al año que se permitía un pequeño capricho. De todas formas, nada tenía esa noche de especial para él, la pasaría como todos los días, solo frente al televisor. Pero ya estaba bien de lamentaciones, no había pena que un carrajillo en el bar de Antonio y una buena partida con Miguel y Paco, no pudiesen curar. Desgraciadamente para él ninguno de ellos pasó por el bar aquella mañana. Antonio estaba con su hija y su yerno que pasarían la noche con él, y Paco no dio señales de vida. Apuró su café y malhumorado caminó hacia su casa, recreaba la última vez que los vio y como discutieron por aquellas malditas fiestas. Un invento comercial que no servía sino para que algunos hiciesen su agosto.

— ¡Ebenezer Scrooge!— Le llamó Miguel, como el egoísta y duro de corazón protagonista de Cuento de Navidad de Charles Dickens. ¡Bah, paparuchas!, nunca mejor dicho, su amigo era un sentimental incorregible, y en esta vida eso salía muy caro.

Llegó al portal y le reconfortó la calidez del ambiente que contrastaba con el frío exterior. Subió por las escaleras con prisas, rebuscando las llaves del piso en los bolsillos de su chaqueta. Casi rendido a la posibilidad de haberlas perdido y cavilando sobre dónde podía haberlas dejado, pudo ver un pequeño sobre, de esos de media cuartilla, sujeto con flixo a la puerta. Sacó la mano del bolsillo y al hacerlo escuchó el ruido metálico de las llaves al caer al suelo, guardó el sobre y abrió la puerta.

Una vez dentro, colgó la parka en el perchero y se dirigió derecho hacia la cocina. Rebuscó en el congelador y sacó restos de la menestra congelada que tenía reservada para una ocasión como aquella. Se sirvió un poco de vino, como siempre hacia antes de ponerse a cocinar. Al contemplar la copa sobre la encimera, un súbito sentimiento de soledad le invadió, sus ojos se tornaron húmedos. Tímidas lágrimas luchaban por escapar de sus brillantes ojos, pero Manuel las ahogaba en un intento por mantener la compostura y no desmoronarse. Y en días como aquellos le resultaba complicado, porque su aislamiento, su desamparo se hacía más evidente, más real. Como una visión que es imposible ocultar, que no logramos desvanecer por mucho empeño que pongamos. Tratando de engañarse a sí mismo, en un intento por distraer sus afligidos pensamientos, cogió el periódico que siempre guardaba en el bolsillo interior de la chaqueta, y al hacerlo recordó el pequeño sobre color sepia, lo abrió y se dispuso a leer la nota que había en su interior:
Relato de Navidad Mujer despues de los 40
¡Viejo cabezota, no consigo localizarte! Te espero esta noche a cenar a las nueve, estará mi hija que pasa las fiestas en casa. No te preocupes que cocina ella. Paco y Manuela vienen también. No llegues tarde que ya te conocemos todos y sabemos lo tardón que puedes llegar a ser. ¡Tu amigo Miguel!

Las manos le temblaban y un gran nerviosismo se apoderó de él, cogió la chaqueta, las llaves y salió a la calle. Llegaba a tiempo, el puesto de la esquina cerraba a las tres, Marivi siempre apuraba hasta última hora.  Dobló la esquina con el corazón desbocado y pudo verla recogiendo, apuró el paso todo lo que le permitieron sus viejas piernas y alcanzó su objetivo. Contempló el ramillete de margaritas entre sus manos y una leve sonrisa iluminó su rostro, ese azul intenso ya no era sinónimo de tristeza sino de amor y de amistad. Un gesto que para él conservaba todos sus mejores deseos, sus mayores ilusiones y sus más queridos recuerdos. Y esa noche los compartiría con sus amigos en una fecha muy especial, no porque señalase un día de celebración, sino por el estado que producía en la gente. Una gran sonrisa que dibujaba en los corazones de aquellos dispuestos a regalar lo mejor de si mismos a los que estaban a su alrededor, como una loca conspiración de amor.

— ¡Feliz Navidad!— Se dijo Manuel, mientras apretaba entre sus manos el ramillete de margaritas azules.

¡Feliz Navidad a todos!

Mujer después de los 40

12 comentarios:

  1. Lovely post!!! I wish you all the best my dear friend!!!
    Kisses, love Paola.
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    1. ¡Muchisimas gracias Paola! Eres grande, muy grande querida amiga. Te deseo lo mejor en estos días :D

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  2. Que bonito relato, desde luego llevas la Navidad dentro de tí, espero que pases unos días estupendos, besos

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    1. ¡Gracias Ángeles! Te deseo los mismo, disfruta de estos días. Un abrazo :D

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  3. Muy bonito Cristina!! Te deseo una muy feliz Navidad al lado de todos los tuyos! Un besazo!

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    1. ¡Gracias guapísima! Espero que disfrutes muchooo con los tuyos. ¡Felices Fiestas!

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  4. Gracias Cristina por compartir El espíritu de la Navidad.
    ¡¡¡Felices Fiestas!!!
    Abrazos desde El Terrao.

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    Respuestas
    1. Gracias a ti Mª Ángeles, un fuerte abrazo para el Terrao :D

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Quiero agradeceros que visitéis mi pequeño rincón. Vuestros comentarios me animan a seguir cada día. Un abrazo :D

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