19/10/14

Vrindavan, la Ciudad de las Viudas: Mi vida junto al dios azul.

Vrindavan la Ciudad de las Viudas

Vrindavan, la Ciudad de las Viudas, es un post que llevaba mucho tiempo queriendo escribir. Y para ello, nos vamos a una ciudad sagrada, en la India. Un país de contrastes, de luz, de color, de belleza, y también de oscuridad, sufrimiento e injusticia para muchas mujeres. A algunos el nombre de esta bella y tranquila ciudad les sonará a paraíso, los doces bosques en los que el dios Krishna jugaba de niño. A lugar sagrado, como los cinco millones de peregrinos que visitan sus más de cien templos todos los años. A tulsi, planta sagrada relacionada con la diosa Vrinda que da nombre a la cuidad de los bosques. Sin embargo, a muchos otros les sonará a olvido, a abandono, a soledad, a la muerte en vida que penan las casi 20.000 viudas que sobreviven de la mendicidad en sus calles. Triste título para un paraíso tejido de dolor y sufrimiento. 

Hoy nos acercaremos a la vida de estas mujeres para recordarlas y compartir aunque sea por un momento su lucha. Y lo haremos recreando la vida Uma, una historia ficticia pero construida con retazos de la vida de muchas de estas mujeres... "Mi vida junto al dios azul".


Mi vida junto al dios azul...

No había despuntado aún el sol, cuando Uma acababa de vestirse para iniciar su rutina diaria.  Las otras tres mujeres con las que compartía aquel cuartucho frío y húmedo, realizaban el mismo ritual. Vivía en condiciones realmente precarias, no tenían electricidad, baño, ni agua corriente, de hecho, el saco sobre el que dormía y una foto que guardaba de su hijo eran sus únicas pertenencias.

Tenía hambre, aunque su castigado cuerpo ya se había acostumbrado a aquella sensación, una angustia que la acompañaba todos los días. Las tres o cuatro rupias que conseguía rezando al dios azul en el ashram, apenas si le llegaban para pagar el alquiler. De todas formas, podía sentirse afortunada, el día anterior pudo comer una taza de arroz que le dieron los voluntarios de la fundación, y las noches al raso habían acabado. Esas retorcidas y polvorientas calles eran trampas oscuras y peligrosas, recordaba perfectamente aquella noche en la que resguardada del frío en el patio interior de un ashram, pudo escuchar cómo el responsable del mantenimiento forzaba a una de las recién llegadas y la obligaba a prostituirse para él. Denali se llamaba, una  niña viuda de 15 años, casada a los 9 años con un hombre de 65 que la molía a palos todos los días. Podía dar gracias de que su viejo y maltrecho cuerpo, casi asexuado, la protegiese de esos depredadores.

Tenía 60 años, pero el bastón que necesitaba para caminar, la cojera y su enconvarda espalda le hacían parecer mayor. De todas formas cualquier precaución era poca, debía esconderse de la gente, todas ellas lo hacían. Representaban casi la cuarta parte de la población de Vrindavan, pero permanecían escondidas salvo para desfilar como sombras hacia los ashrams a rezar. O para recoger la ayuda y comida que algunos doctores y benefactores llevaban a los templos. No eran pocas las humillaciones, golpes y todo tipo de vejaciones que había sufrido en aquél lugar. Porque ella era una viuda, la mitad del cuerpo de su esposo, que debía compartir con resignación, el resultado de sus actos buenos y malos. El código Manu, lo dejaba muy claro, la muerte de su marido era un mal augurio y prueba fehaciente de que ella no había sido capaz de renunciar a si misma para dar prioridad a los deseos de su marido. Ella era la principal culpable, era sospechosa de falsa devoción, era viuda...

A veces pensaba que hubiese sido mejor acabar con todo y haber tomado el voto, auto-inmolándose junto a su esposo. El sati la habría liberado de ese sufrimiento atroz, de esa muerte en vida. Pero su instinto de madre la hizo luchar por su pequeño. Sus padres la casaron con quince años con un hombre que le triplicaba su edad, a partir de ese momento dejó de tener familia y perdió cualquier contacto con ellos, pasando a pertenecer a la de su marido. Convivió con un hombre alcoholizado que descargaba sobre ella toda su furia, y a los pocos días de dar a luz a su primer hijo, éste falleció en un accidente. Una tarde la sacaron al exterior de la casa, donde las vecinas y su suegra le arrancaron sus pulseras, la despojaron de sus ropas, y borraron su bindi, para marcar con ceniza su rostro que la identificaría con el inequívoco signo de la viudedad, tan solo con mirarla. Cortaron su larga melena negra, dejando su cabeza totalmente rapada y la vistieron de blanco con una pieza de tela sin coser. Después la repudiaron y echaron a la calle, tras arrebatarle a su hijo.

Subsistió como pudo durante un tiempo, hasta que decidió regresar con sus padres. No consintieron que durmiese dentro de la casa porque aquello no presagiaba buenos augurios, pero le dejaron construirse un chozajo para dormir y la alimentaban una vez al día. Todo empeoró cuando su hermano regresó y la echó de allí, no después de propinarle una paliza tan fuerte que dejó su huella en ella, con una característica cojera que la acompañaría de por vida.

Vrindavan la Ciudad de las Viudas
Su vida no valía nada, porque realmente no existía. Ésta se detuvo el mismo día en el que su marido falleció. Su pasado había desaparecido, pues para los suyos no era más que una funesta sombra, paradójico final para ella, cuyo nombre significaba “brillante”. Su presente era una opaca ilusión, porque fuera de su matrimonio no era nada, nada significaba ser madre y mucho menos mujer. Uma, como los cerca de 45 millones de viudas en la India, estaba condenada a sufrir, nadie le dirigiría la palabra, y mucho menos la tocarían, porque traía mala suerte, era una maldición. Y en cuanto a su futuro que podía esperar, no sabía leer, ni escribir... Cuando se quedó viuda no pudo tener acceso a una pensión, puesto que solo se la entregaban a las mayores de 40 años. Uma, era una "niña viuda". 

No le quedaba nada. Viviría de la caridad. Por eso decidió conducir sus pasos hacia Vrindavan, la ciudad de las viudas y unir su vida a la de Krishna, el dios azul. Morir allí la liberaría del eterno ciclo de la reencarnación y la permitiría desaparecer al fin, dejar de sufrir. Algo que cada noche, desde que llegó a Vrindavan, hacía 30 años pedía antes de irse a dormir. No volver a ver el sol, no regresar, abandonar esta vida que la abandonó a ella muchos años atrás cuando tan solo era una niña destinada a brillar.

Aquí acaba la historia de Uma, que no es sino, la de muchas mujeres que cómo ella viven como sombras en una sociedad que las aparta y estigmatiza, por el mero hecho de vivir más que sus maridos. Como os señalaba antes, “Mi vida junto al dios azul”, recoge retazos la vida de mujeres que malviven en Vrindavan y luchan por subsistir en una sociedad que las olvidó y repudió. Sus nombres como bellos y tristes cantos que suenan en la lejanía son Shatki, Janakee, Radha, Pratima, Rani, Sarosati, Kullayamma, Gangarathna y Aruna. Los conocemos gracias a la labor que realizan personas como, Mohini Giri, activista india por los derechos de las mujeres, presidenta de la ONG Guild for Service. Diana Ros, presidenta y fundadora de la ONG SOSMujeres o al trabajo de UNIFEM en la India. Personas que sí están luchando para que estas mujeres tengan una segunda oportunidad y un hogar al que poder acudir, en definitiva una vida…

Y al principio os hablaba de contrastes, y es que a unos 70 kilómetros de Vrindavan, se levanta la maravilla de las maravillas, el Taj Mahal, que representa el amor en su máxima expresión. Un recuerdo a la favorita del emperador mongol Shah Jaha, muerta en un parto, es de mármol blanco, que al atardecer se torna de un rosa extraordinario.
"…el Taj Mahal tiene que ser visto: para recordarnos que …la belleza de las cosas bellas es aún capaz, de superar a las imitaciones. Y el Taj Mahal es, mucho más allá del poder de las palabras para describirlo, una cosa adorable, quizá la más adorable de todas las cosas”, Salman Rushdie.

Un homenaje, de un doliente viudo a su amada esposa, el recuerdo de un amor perdido, que contrasta sin duda con la indiferencia y el ostracismo al que se ven condenadas millones de mujeres viudas en la India. Cuya vida se convierte en un triste recuerdo, porque pasan a ser una sombra, una ausencia, un nombre vacío de un ser que nunca existió...

Fotos Sara Barrera, Agencias, Anna Boyé y SOSMujeres.

23 comentarios:

  1. Maravillosa entrada Cristina..!! Es increíble que la mentalidad y las creencias sean tan distintas en las diferentes partes del mundo, pareciera como si existiesen mil realidades..Tremenda la realidad de estas viudas que tan injusta e inhumanamente se ven condenadas a morir en vida por una "irresponsabilidad" inventada..Es una autentica pena que no pueda leerte más a menudo, tus post siempre me llegan, me instruyen y los disfruto realmente..Besos guapa!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Alfmega, lo mismo te digo el tiempo siempre se nos escapa. Un abrazo :D

      Eliminar
  2. Que bonito y a la vez triste post, felicidades, besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Dicen que la verdad huye mientras el tiempo pasa y hoy al menos hemos podido prestarles nuestra voz para recordalas. Besos :D

      Eliminar
  3. Hol: leí muchos reportajes sobre lo que tienen que sufrir las viudas en esos países... es tremendo...Me gustó retomar el tema en tu post.

    ResponderEliminar
  4. Another great post Cris,a sad story but really interesting!!!!
    Kisses doll!!!
    Expressyourself

    My Facebook

    ResponderEliminar
  5. Hola! vengo la fiesta de MGC de google +!
    Excelente post! gracias por hacer visible, lo que está injustamente oculto.
    Un abrazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Gloria, voy corriendo a ver tu poema. Un abrazo

      Eliminar
  6. Profano absoluto en la materia e impactado por tu entrada, me pregunto por qué se ensalzantanto las religiones de países como estos cuya ciudadanía sufre tan crueles vivencias, podrían dejarse de tanta espiritualidad baldía y dedicarse más a las personas físicas.
    Esto vale para todas las religiones y para todos esos pensamientos hipócritas y vendedores de humo.
    No sé si me explico.
    Por lo demás es una entrada formidable, enhorabuena.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Perfectamente y no puedo estar más de acuerdo contigo, de que sirve lo espiritual si en tus actos del día, en lo que haces por los demás, no se refleja nada de esos pensamientos, de esa filosofía. Dijo alguien muy sabio aquello de que en casa del herrero, cuchilllo de palo. Un saludo :D

      Eliminar
  7. Hola Cristina Pernas García. Qué buen trabajo has realizado dando voz a aquellas personas que no pueden tenerla. Me quedo con varias frases significativas: "Su vida no valía nada, porque realmente no existía". Es desalentador que esto se siga produciendo a día de hoy. "No le quedaba nada", ni tan siguiera su voz para gritar. Realmente esta entrada es dolorosa a más no poder y te doy las gracias por la llamada de atención a una situación que generalmente le damos la espalda. Saludos ClubMGC

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti guapísima, llevaba tiempo queriendo escribir esta entrada y recogí mucha información sobre ello. Pero luego me pareció mucho más cercano, juntar toda esa información y recrear la vida ficticia de una de estas mujeres. Un abrazo

      Eliminar
  8. Precioso relato, triste realidad. Un trabajo excelente, gracias por compartirlo.

    ResponderEliminar
  9. Gracias a ti Ana, por dedicarle unos minutos. un saludo :D

    ResponderEliminar
  10. Como te he dicho en Google+... es preciosa esta historia, el problema es que es tan real... y que hay mujeres en Occidente que, sin llegar a estos extremos, padecen por el simple hecho de ser mujer y por ser consideradas una posesión del varón... En fin! Miremos la parte positiva que es esperar que la humanidad evolucione...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tú lo has dicho demasiado real, cosida con trocitos de historias reales, es triste , muy triste. Un abrazo Encarna :D

      Eliminar
  11. Es realmente impactante que estas mujeres simplemente desaparezcan en vida... y desalentador que se haga en nombre de una creencia, un beso y gracias por la entrada

    ResponderEliminar
  12. Hola.
    Que triste, y como dice una de ustedes mientras conocemos mas de su religión donde predican una filosofía de amor , es inconcebible que estas pobres mujeres estén destinadas a sufrir.
    He vivido en carne propia la perdida de mi compañero y es triste ver como discretamente somos alejadas de los grupos a los que pertenecíamos como pareja.
    Se va nuestro compañero y con el se va parte de la supuesta integración que teníamos con los amigos o familiares.
    Aparte muchas personas nos ven como tontas y tratan de aprovecharse en todos sentidos, en lo moral y en lo económico. Gracias a Dios tengo una formación y carácter fuerte que me ha permitido sobrevivir, solo que al cerrar la puerta , las sombras aun me envuelven y termino llorando. Se que tendrá que pasar , pero ojala y vayan cambiando las cosas para las mujeres solas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo primero es mandarte un fuerte abrazo por tu valentía y corazón. Decía Audrey Hepburn que esta vida es mala porque al fin de al cabo nos mata, es difícil por mucho que escuchemos o nos digan sobrellevar la perdida de un ser querido y en algunos países si eres mujer eso supone incluso perder tu status de persona. Es terrible. te mando también una sonrisa para despejar esas sombras :D

      Eliminar
  13. Cenizas en el rio Godavari describe de forma asombrosa la Vida de las viudas de Vrindavan y el Rito del sati Pueden conseguirla en AMAZON

    ResponderEliminar

Quiero agradeceros que visitéis mi pequeño rincón. Vuestros comentarios me animan a seguir cada día. Un abrazo :D

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Blogging tips