21/9/14

Un día en Tabarca, la joya de la Costa Blanca.

  Un día en Tabarca
Hoy regresa "Mi diario..." con "Un día en Tabarca, la joya de la Costa Blanca". Sabéis que no soy muy aficionada a poneros en el blog, mis idas y venidas, pero esta isla se merece una mención especial. Y por ello, os voy a relatar una visita de una jornada a este maravilloso lugar novelada. Acompañaremos a un personaje imaginario en su paseo por la isla. ¿Queréis ver que sale de este experimento? Sí, pues adelante comenzamos.


La luna de septiembre... Tabarca, su morada y descanso.


El viaje comenzó antes incluso de que Fátima subiese al barco, ya en el muelle los trabajadores de las diferentes tabarqueras, abordaban a los viajeros ofreciendo sus barcos y tarifas. Aquello en lugar de un muelle parecía un mercado muy peculiar. Después de conseguir su ticket por quince euros, y localizar el catamarán, subió y se dirigió a la parte de arriba, al fondo, eso le habían recomendado. Aún podía notar el desagradable sabor a medicina del chicle para el mareo que se acababa de tomar, dejó su mochila en un asiento y se sentó junto al borde para poder contemplar el mar. Necesitaba la brisa, respirar ese olor a agua salada y olvidarlo todo aunque fuese por unas horas.

La isla de "Nueva Tabarca" o "La Plana", como también se la conocía, era una inigualable reserva marina y ostentaba además el título de ser la isla habitada más pequeña del Mediterráneo, 30 hectáreas con una longitud de unos 1800 metros por unos 450 de ancho. Estaba situada a 22 kilómetros de Alicante y a 8 de Santa Pola, por ese motivo cogió el barco desde allí, reducía así el trayecto a veinte minutos. Había leído sobre la misma, que el mismo Apostol, San Pablo, desembarcó en la isla, y que en la época medieval se la consideraba la antigua Alonis
Un día en Tabarca

Además estaba emparentada con la ciudad tunecina de Tabarka, con la que la unían raíces de esclavitud y refugio, pero también de nuevos comienzos, justo lo que Fátima anhelaba. Parece ser que los genoveses a petición de Carlos V, construyeron un fuerte en la isla tunecina y la convirtieron en un importante enclave comercial. Pero fueron apresados y hechos esclavos primero por el bey de Túnez, y más tarde también por Argel. Cautiverio que duró casi treinta años, hasta que algunos nobles, el Papado y un decidido Carlos III  lograron liberarlos. Algunos refugiados se establecieron en Carloforte y otros se repartieron entre las islas de San Pietro en Cerdeña y de San Pablo en Alicante, que cambiaría su nombre por el de la "Nueva Tabarca", en 1770 con su llegada.


¡Trece, catorce, quince...! Las risas y gritos de unos niños sacaron a Fátima de su ensoñación, contaban las grandes medusas que veían desde el barco. En el horizonte ya se distinguía perfectamente la isla, y tal y cómo les habían avisado en unos minutos abrirían en el nivel inferior, unos miradores desde dónde se podía contemplar el fondo marino. Se había propuesto no dejarse nada por hacer, así que como turista aleccionada bajo detrás de los niños que contaban medusas, para verlo. La impresión que le dio fue bastante curiosa, porque más que observar a los peces, parecía ser ella la observada, flanqueada a ambos lados por dos gruesos cristales era la Fátima la que se inmiscuía en los dominios del mar, la que estaba dentro de la pecera.


Recogió sus cosas y se dispuso a desembarcar, mil estrellas golpeaban contra el agua verde cristalina, en la que pese a ser el puerto de entrada se podía distinguir perfectamente el fondo. Y mientras caminaba por el pequeño espigón para acceder a la Playa Central, el mercadeo reapareció, aunque está vez lo que le ofrecían eran folletos informativos de los diferentes restaurantes. Tal y como la aconsejaron, lo mejor era coger primero una hamaca en la playa y después reservar en un restaurante, así se evitaría males mayores después, ya que en periodo estival la isla recibía hasta 3000 personas al día, lo que inevitablemente hacía que la logística de la visita fuese importante.

Cogió una hamaca por siete euros para todo el día, compartiendo sombrilla con la pareja joven con la que había coincidido en el barco, dejó la toalla y se marchó hacia el pueblo. Pasó por una de las tres puertas que tenía el complejo amurallado, la Puerta de San Rafael, y nada más atravesarla se encontró con dos altares dispuestos en sendas hornacinas acristaladas a ambos lados del muro. Dos bellas vírgenes recibían al viajero y llenaban de color aquel pasadizo. Sus ojos se detuvieron en la placa conmemorativa del hermanamiento de la isla con la de "San Pietro". Mirándola se podía percibir como el tiempo va escribiendo la verdad de cada pueblo, y allí frente a ella salpicaba de historia esos muros que se levantaron para recibir a 269 tabarquinos, algunos nacidos en Italia, otros en "Tabarka", en cautiverio en Túnez o en Argel.  Visto así no tenía nada de extraño que los apellidos de sus habitantes actuales tuvieran cierto aire a territorio corso, como Parodi, Vila, Pomata, Daniele, Fabiani, Leoni, Groso, Russo, Cantagalo o Jacopino, la persona con la tenia que contactar allí.
Un día en Tabarca

Tras atravesar la Plaza de Carlofortese topó con las primeras tiendas de suvenires que anunciaban el "día de la camiseta". 

¿Y cuando no?Se preguntó, sin duda las camisetas y los imanes serían las compras favoritas.

Se dirigió derecha a la Plaza Gran a reservar la comida en "Aca Ramos". A las dos y cuarto disfrutaría de un esplendido menú de fideguá, calamares, pescadito, ensalada, postre y bebida incluida. Regresó sobre sus pasos a la playa y tomó un baño en las limpias aguas de la isla, para lo que agradeció las feas cangrejeras que llevaba en la mochila, dado que la entrada estaba repleta de piedras y cantos. Algunos de los moradores de aquel lugar accedían a la misma desde sus pequeños veleros y yates, y entre éstos y las hordas de turistas que atracaban a cada viaje del catamarán, el lugar se fue llenando hasta que no quedó ninguna hamaca libre. Familias, parejas, una despedida de soltera, inconfundible por las camisetas y gorros de paja a juego, grupos de submarinistas..., una fauna de lo más variada. Desde luego, lo mejor había sido coger uno de los primeros barcos.

Aunque esa era la mayor playa de la isla, ésta estaba plagada de calas como la del Frances, la de Birros, o cuevas como la "les Armes" y la del "Llop Marí" en la que según contaba la leyenda vivía un monstruo marino que acechaba a los habitantes de la isla durante la noche. Por la tarde visitaría la parte oeste para ver el Torreón de San José con su tronco piramidal, que durante un tiempo llegó a ser utilizado como prisión y sus protegidas chumberas, y más a lo lejos el faro.
Un día en Tabarca

Gaviotas argenteras sobrevolaban las sombrillas, hasta nueve contó, parecían agitadas, inquietas y el origen eran las migas de pan que tiraban unas niñas cerca de los patinetes, era impresionante verlas volar tan cerca. 


¡Mami, mami...!Los contadores de medusas atacaban de nuevo. Hemos descubierto con papá un barco hundido en aquella boya amarilla, ven a verlo con nosotros.

¡María ha visto un cangrejo! Dijo el más pequeño.



Parece ser que el geógrafo e historiador griego Estrabón, sí tenía razón cuando catalogó la isla de  peligrosa, por sus escollos. Y muchos barcos hundidos a su alrededor así lo confirmaban, pensó Fátima. Allí sentada mirando el bullicio y la gente, se sintió más acompañada, más relajada. Los últimos días habían sido devastadores para ella, su mundo se hacía añicos a su alrededor, y era incapaz de recomponerlo. Las certezas y usos que construían su rutina desaparecían y debía empezar de cero, dar sus primeros pasos. Pero necesitaba encontrar una morada, un refugio, un espacio de descanso, desde el que poder iniciar el camino de regreso.

La comida fue una delicia, la fidegua estaba buenísima. Imposible pasear con el estomago tan lleno y bajo un sol de justicia. Regresó a la playa y tras un refrescante baño y una breve pero reconstituyente siesta en la hamaca, comenzó su paseo por el casco urbano de la cuidadela. Estaba definida perfectamente en cuadrícula por lo que era difícil perderse. Fue el Conde de Aranda quien inició la construcción de la fortificación y la urbanización de la ciudadela, con casas numeradas que se entregaron a sus primeros pobladores. Las calles, a cual más bonita y pintoresca, la de Enmedio, l`Eglesia, dell Mol, de la Gavina, Genova, etc. Las casas con sus enrejados recios, sus persianas azules, sus suelos empedrados, un precioso lugar. 
Un día en Tabarca

Fue precisamente dejando la calle de la Gavina cuando se topó con la Iglesia de San Pedro y San Pablo. Inspirada en el estilo barroco y con una nave única que se imponía por su gran altura, había sufrido varias restauraciones que no se habían completado, pues la Casa Parroquial permanecía en ruinas, pero lo conseguido era fantástico.  


"La unión ha hecho realidad un sueño" rezaba en su entrada. Un pensamiento que zozobró a Fátima, pues lo que ella estaba viviendo era una dolorosa ruptura y el final de un gran sueño. Desafortunadamente estaba cerrada, solo se abría cuando el párroco de Santa Pola daba misa allí. Una verdadera pena, cualquier turista pagaría una entrada simbólica por verla y así ayudar en su reconstrucción. Pero gracias a una pequeña apertura que había en el gran portón de madera pudo hacer una fotografía del luminoso interior, con sus características baldosas en damero blanco y negro. Buscó un lugar a la sombra y sacó el último libro que estaba leyendo de Luz Gabás, "Regreso a tu piel". Los vientos del verano inundaron su ser, allí sentada leyendo, se transportó por la lectura a otra época, a otro gran amor.

Un día en Tabarca

La sensación de sed dominaba su garganta, por lo que retomó camino, llegando a la Puerta de San Miguel, la más pequeña de las tres de la isla. Curioso cuando fue ésta en su origen la entrada a la ciudadela en el siglo XVIII. Se localizaba en la zona de muralla flaqueada por los baluartes del Príncipe y de la Concepción y allí se encontraba el Puerto antiguo del que solo quedaba un pequeño espigón de roca natural, como parte de la muralla de la isla que se había perdido desmoronada sobre el mar. Continuó subiendo y llegó al consultorio médico, y callejeando se topó con la bodeguita "Los idus de marzo" dónde degustó un mojito, bueno dos exactamente.

Una tarde maravillosa en la que aunque el tiempo parecía detenerse, en realidad avanzaba muy rápido, en tres cuartos de hora saldría el último barco de regreso. Fátima sintió un pequeño escalofrío que se detuvo en su nuca, había tomado una decisión. Por unas horas la tormenta que la sacudía en su interior había amainado, no podía regresar tan pronto, necesitaba esa quietud, esa paz. Saco el móvil y busco en contactos a César Jacopino, habló con él y cerró el trato, alquilaría la casa durante las dos semanas siguientes. Mañana haría la maleta y en menos de un día estaría instalada en ese pequeño paraíso.



Un día en Tabarca


Apuró el último mojito y caminó hacia el puerto, notó como la isla había cambiado. El ambiente era diferente, la luz y el eco de los ruidosos turistas se comenzaba a disipar. Sonrió al ver al mismo camarero que la atendió en la comida, tomando unas cervezas con unos amigos en una terraza. Echó una última mirada desde la Puerta de San Rafael, a la plaza en la que ya habían cerrado las tiendas, lo que le daba un encanto aún mayor.

Aguardó la larga cola para subir al catamarán, el segundo que salió a esa hora y desde cubierta vio como se alejaba de aquel lugar. El barco dibujaba una profunda estela de espuma sobre el mar, mientras Fátima contemplaba su isla bajo una brillante luna, la de septiembre, la tercera de las super-lunas de ese caluroso verano que marcaba una nueva influencia en su vida, un nuevo objetivo.

Y si el Excmo. Conde de Aranda, influyó sobre Carlos III, para que designase la isla Plana de San Pablo como morada y descanso de aquellos sufridos genoveses sin patria, quizás también pudiese darle a ella ese refugio que su corazón tanto ansiaba.

Un día en Tabarca
Espero que "La luna de septiembre... Tabarca, su morada y descanso", os haya gustado. A diferencia de Fátima, yo solo he podido pasar allí un día, pero ya he anotado entre mis planes pendientes poder disfrutar de esta maravillosa isla, Nueva Tabarca, con tiempo, con calma, con... 


Mujer después de los 40

6 comentarios:

  1. Hola: me encantó conocer esta isla gracias a tus fotos. Es preciosa. Tiene magia y encanto.

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  2. Las tomé con el móvil y hay que decir que no le hacen justicia. Un abrazo Marta :D

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  3. These pics are amazing, Tabarca is a Lovely place!!!!!
    Happy monday My sweet friend!
    Love, Paola.
    Expressyourself
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  4. That dreamy place, I love your pics! ;D

    Kisses,

    Benedetta

    http://www.daddysneatness.com/2014/09/retro-flowers.html

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    Respuestas
    1. Sigo sin poder seguirte en el blog, te sigo en facebook, un abrazo :D

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Quiero agradeceros que visitéis mi pequeño rincón. Vuestros comentarios me animan a seguir cada día. Un abrazo :D

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