6/5/14

¡Qué más puede pasar hoy... la de la mala suerte!

 
Mi diario... ¿Por qué soy yo el/la de la mala suerte?, más de uno se habrá hecho esta pregunta alguna vez. Y la verdad, no intentéis responderla porque no merece la pena. Por mucho que nos pese los accidentes, imprevistos y desastres nos rondan muy cerca. Podemos esforzarnos por ejercer el control, dominar la situación, repasar una y otra vez todos los detalles..., pero si algo tiene que pasar, acabará sucediendo de todos modos. 

Y aquí, no estoy de acuerdo con D. Edward A. Murphy Jr. y su...
"Si algo puede salir mal, saldrá mal", Edward A. Murphy Jr.

Frase que todos conocéis, y sobre la que no hay acuerdo en cuanto a su origen exacto. Unos sostienen, que tras el fallo de los sensores de fuerza colocados en un chimpancé en unas pruebas de cohetes sobre rieles, el mismo Murphy acuñó esa frase refiriéndose a la torpeza de su ayudante al colocarlos al revés. Sea como sea, el primero en utilizarla fue el capitán que participaba en esas pruebas, en una conferencia, y tras esa presentación pública, su uso se extendió a otras culturas, profesiones y situaciones, con una rapidez asombrosa.

Nos gusta demasiado enfatizar lo negativo, incluso regodearnos en ello. Si alguien nos dice que algo saldrá mal, damos crédito inmediato a la predicción. Pero si esa misma persona nos dice que todo va a salir bien, le tomamos por un iluso. ¿Y no es esto algo contradictorio con lo que he dicho al comenzar el post de hoy? No, no lo es, y enseguida conoceréis la razón.

No creo en la mala suerte, y tampoco en las conspiraciones cósmicas, o "el mundo contra mi", que muchos utilizan. Pero los infortunios existen, y cuando antes lo aceptemos mejor nos irá. La vida no es una línea recta, y no una sino mil veces nos saldremos o nos sacarán del camino, hasta que conseguimos retomar la senda que dejamos. Y a predicar, con el ejemplo, os pongo en situación... 

  • Una tarde soleada, perfecta, de esas que nos regala muchas veces este clima mediterráneo de Alicante, ya sea en pleno invierno. 
  • Un paseo por la playa, con la brisa en la cara, sintiendo el calor del sol y escuchando música como de costumbre (casualmente la canción se llamaba "La de la mala suerte" de Jessi & Joy y Pablo Alborán).
  • Un segundo, un mal paso, un resbalón y acabas estrellando tu cabeza contra una barandilla de madera maciza. De la fuerza del golpe caes de espaldas al suelo, quedándote inconsciente.
  • Un dolor intenso y un despertar más extraño aún, con dos niños a tu lado, que te preguntan como estás para ayudarte, pero que te miran a la nariz, que no deja de sangrarte, con tal cara de espanto que tu preocupación va en aumento. 
  • Una visita a urgencias, pruebas, chequeos y curas. ¡Ah! y mil y una explicaciones para intentar relatar como un plácido paseo por la playa acaba convertido en semejante despropósito.  

Esa fue mi forma, hace unas semanas, de convertir el noble arte de caminar, en todo un deporte de riesgo. No me rompí la nariz de milagro y lo que me queda de aquello, aparte de la anécdota y del susto es una pequeñita señal que irá desapareciendo poco a poco.
Cuestión de mala suerte, o como diría nuestro pesimista Murphy, predecible, ya que si hay una manera de que las cosas se hagan mal ocurrirán de esa forma. Para mi que no, porque paso por el mismo sitio todos los días y si eso fuese cierto regresaría a casa como el rosario de la aurora. Es como cuando decimos que un ángel de la guarda vela a nuestros niños, porque viendo solo la mitad de las cosas que les podrían pasar y que al final acaban en un simple susto, tiene que existir alguna energía positiva que los proteja.
"El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos con ellas", Schopenhauer.

No sabemos lo que nos depara el destino, ni siquiera en nuestro futuro inmediato, está bien que hagamos planes, y organicemos lo que podamos nuestra vida, pero siempre contando con que nos vamos a encontrar con alguna que otra pequeña desviación. Y siempre que pienso en esto, me vienen a la cabeza dos ejemplos muy claros, como el de nuestra Gran Armada conocida como la Armada Invencible que se las prometía victoriosa, y por las malas condiciones y la tempestad, tuvo que regresar a puerto perdiendo más de un tercio de sus barcos en las costas irlandesas y más de 10.000 hombres. Todo ello, sin conseguir su objetivo, de unirse al resto de las tropas que venían por tierra para derrocar a la reina Isabel I. O al imponente Titanic, el mayor barco que se había botado hasta el momento, y que en el mismo viaje inaugural se hundió en la madrugada del 14 al 15 de abril de 1912. Y todo por rozar un iceberg, ni siquiera chocó con él, por lo que no hubo alarma. El problema fue que ese pequeño roce provocó que entrasen en el barco hasta nueve toneladas de agua por segundo, y tras tres horas se hundiese.

Podéis decir que estos son grandes desastres, que poco tienen que ver con nuestro día a día, pero no es así, todo forma parte del mismo guión, de la vida, de vivirla, de los infortunios que nos iremos encontrando, y quién sabe si saliendo airosos de ellos. Porque como decía el gran maestro...
"Yo he hecho lo que he podido, Fortuna lo que ha querido", Francisco de Quevedo.


Y ahora contadme, ¿os habíais sentido alguna vez como la de la mala suerte?, ¿qué os pasó?

6 comentarios:

  1. Vaya susto te darías con el paseo!! Me alegro que todo haya quedado en una anécdota.
    Pues mira, así intentando repasar, pues seguro que me habrán pasado cosas que habré dicho qué mala suerte, pero es que ahora no me viene ninguna a la cabeza.
    Lo que sí pienso como tú, que el destino ni se puede preveer ni cambiar y hay que aprender a vivir con lo bueno y lo no tan bueno que nos venga de cara.
    besos!

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    1. Esa memoria selectiva que tenemos, tan sabia, quedarnos con lo bueno y olvidar lo malo. ¡Ah! y la verdad es que sí fue un buen susto pero quedó como bien dices en una anécdota. Un abrazo Aisha

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  2. Cristina, yo soy de Murphy 100% !! Si algo puede salir mal, reza para que no sea peor ! un saludo

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  3. estoy completamente de acuerdo. yo tampoco creo en la mala suerte y habla una que no es que tenga una vida muy afortunada, pero desde luego no culpo de ello a mis astros ni a mi destino y procuro seguir luchando para que las cosas salgan mejor. me encantó la entrada Cristina. un beso

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    1. ¡Chica que bien escribes! no me extraña que ese libro tuyo "Nina" sea un éxito. Un abrazo

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Quiero agradeceros que visitéis mi pequeño rincón. Vuestros comentarios me animan a seguir cada día. Un abrazo :D

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