13/2/14

El hombre que no encontró la Monalisa... Huesos que hablan por Alphonse Bertillon.


El hombre que no encontró la Monalisa... Alphonse Bertillon. Hoy se cumple el centenario de la muerte de Alphonse Bertillon, padre de la Antropometría que falleció a los 70 años en París. Vamos a conocer cuál fue su historia y por qué su destino se unió al de este singular cuadro, y al célebre robo de La Monalisa

Fue un 22 de agosto, el pánico se apoderó de la jefatura de policía de París, el teléfono no paraba de sonar. Acababa de ocurrir lo imposible, habían robado la Gioconda, del gran Leonardo da Vinci. El museo se afanaba en negarlo diciendo que había sido llevaba al taller para una puesta a punto, pero el clamor popular iba en aumento... ¡La han robado, la han robado!. En el Salón Cavre podía verse perfectamente el vacío que dejó el ladrón al robar el cuadro. Había sido Guillermo I de Alemania, sostenían algunos, era un ataque contra el alma francesa, ¡un escándalo!.


El prefecto Lepine, convocó a los mejores investigadores para que interrogasen a todo el que pudiera ser sospechoso, incluso incluyeron a jóvenes artistas como Picasso en los interrogatorios. Se cerraron fronteras, y se mandó al lugar del delito para que analizase la escena a Bertillon, el jefe de la Oficina Central de Antropometría.  Caracterizado por una gran minuciosidad, Bertillon lo fotografió todo y encontró una huella en la vitrina. Sin embargo, las fichas policiales en Francia no se clasificaban en base a las huellas dactilares, "esas manchitas", como las llamaba despectivamente Bertillon, sino en relación a medidas óseas, a la Antropometría. Por lo que esa huella de poco sirvió. 

Dos años más tarde, el 13 de diciembre de 1913, un tal Vincenzo Perrugia se presentó ante un anticuario en Florencia para intentar vender el cuadro. En su detención explicó que trabajó ocasionalmente en el Louvre, por lo que la mañana del robo, nadie le detuvo cuando pasó por allí a ver a unos compañeros que seguían trabajando allí, espero a quedarse solo en la sala y descolgó el cuadro con toda tranquilidad. Lo escondió bajo su camisa de pintor y lo guardó dos años bajo la cama de su habitación.

Pero lo peor de todo fue que era un delincuente fichado por la policía francesa en 1904, al que sin ningún interés, le fueron tomadas las huellas e incluidas en su ficha. Un caso que pudo haberse solucionado en unas horas, y que solo se resolvió, por la ineptitud del propio Perrugia. Había que adoptar un sistema de clasificación más moderno y eficaz, semejante error no podía repetirse, el fin del "bertillonage" estaba muy cerca.


Huesos que hablan por Alphonse Bertillon.

¿Pero quien era Alphonse Bertillon?, ¿que era la Antropometría?, ¿por qué en Francia no se empleaba la dactiloscopia como en otros países? Las respuestas, hay que buscarlas treinta años antes. En lo que fue una historia llena de curiosidades y coincidencias, ¿me acompañáis en esta nueva biografía?

En 1879, la Sûrete, la policía francesa, la más antigua del mundo sufría una fuerte crisis. Su fundador, Eugene FranÇois Vidocq, actor, soldado, marinero, y ladrón, se había retirado hacía mucho tiempo, y el sistema de identificación de los delincuentes era muy rudimentario. ¿Quién podía reconocer más de mil presos simplemente con echarles un vistazo como hacía Vidocq? Las rondas de reconocimiento en las cárceles eran insuficientes y muchos reincidentes utilizaban nombres falsos para que fuese imposible identificarlos.

Bertillonage centenario Alphonse BertillonEntre todo este caos, aparece en escena un funcionario enfermizo y apocado, Alphonse Bertillon. Éste trabajaba copiando fichas policiales, era hijo de un prestigioso médico y antropólogo, y nieto de un matemático; y sabia que la ciencia podía aportar mucho a la investigación criminal. Aunque no recibió más que burlas, ideó un sistema de identificación basado en el hecho de que hay ciertas medidas corporales que permanecen inalterables a lo largo del tiempo. Él proponía 14 mediciones como base de un sencillo y eficaz sistema de clasificación. Publicó sus ideas y llamó a muchas puertas, sin resultado alguno, pero sin saberlo la historia se estaba aliando a favor de Bertillon, sin que este sospechase lo que ocurría al otro lado del mundo.

En oriente, dos hombres estaban llamados a descubrir un revolucionario sistema de identificación criminal que supondría un antes y un después en la historia de la criminología. El primero de ellos se llamaba, William J. Herschel, funcionario británico que trabajaba en la India que había dedicado más de 20 años al estudio de las impresiones que las yemas de los dedos dejaban en determinadas superficies,y como éstas eran diferentes de una persona a otra. Escribió una detallada carta al jefe de prisiones de Bengala, exponiéndole sus descubrimientos pero solo recibió burla e indiferencia.
El segundo se llamaba, Henry Faulds que trabajaba en el hospital Tsukiji en Tokio. En apenas unos años había recopilado una gran cantidad de huellas dactilares y había escrito un extenso articulo que envió al periódico inglés "Nature". Herschel leyó el artículo e inmediatamente se puso en contacto con Faulds para establecer una colaboración. El mal carácter e ímpetu de Faulds le hizo declararle la guerra y volver apresuradamente a Inglaterra para divulgar su descubrimiento antes de que lo hiciese Herschel. Así fue como una carta suya acabo en la jefatura de policía francesa dirigida al nuevo prefecto Louis Andreux.

Pero porqué hacer caso  a las propuestas de este inglés desconocido si un compatriota había propuesto ya una alternativa bastante convincente. Así es como Bertillón consiguió un periodo de prueba y dos ayudantes para testar su sistema de identificación durante tres meses. Y a punto estaba de cumplirse el plazo dado, sin haber obtenido resultados, cuando logró identificar a un reincidente que se hacía llamar Martín cuando en realidad era Dupont. A esta identificación siguieron muchas más, su periodo de prueba se hizo indefinido, y en solo un año recogió más de 7336 fichas y arrestó a más de 300 reincidentes. En 1885 todas las cárceles en Francia adoptaban el sistema y se constituía la Oficina Central de Antropometria, o "Bertillonage" como comenzó a llamarse.


¡Ravachol, me llamo Ravachol!

En 1889, Bertillon ya era un personaje de gran prestigio, pero tres años más tarde se convertiría en leyenda...

El Boulevard Saint - Germain se estremecía con el atentado anarquista que sufría un juez, la preocupación social era alta y los ánimos estaban muy encendidos. Un chivatazo llevó a la policía a detener al profesor Chaumartin, y éste declaró que el autor del atentado era Ravachol, que se convirtió en el delincuente más temido y buscado de toda Francia, concediendo incluso entrevistas a los periódicos tras perpetrar sus atentados. En realidad era un delincuente común, un tal Francois Koenigstein que había creado una nueva y más glamurosa identidad.

Sin embargo, una airada conversación en un café hizo sospechar a un camarero que llamó a la policía para que detuviesen al alterador. No tenían nada contra él salvo el incidente de desorden público, sino hubiera sido por el "bertillonage", ya que Ravachol estaba fichado y fue identificado rápidamente como Francois Koenigstein,  juzgado y condenado.

No había duda, la antropometría era el futuro, y traspasó las fronteras de Francia, a Alemania, Hungría, Austria, Dinamarca... porque Inglaterra no quiso adoptarlo por su excesivo número de mediciones.


"Esas dichosas manchitas...".

Juan Vucetich DactiloscopiaMientras, al otro lado del Atlántico, un hombre estaba a punto de descubrir e implantar el sistema que acabaría definitivamente con el aclamado "bertillonage". El personaje era Juan Vucetich y el país, Argentina. Este innovador funcionario, fue encargado de poner en marcha el sistema de mediciones que venía del viejo mundo, pero él no solo se dio cuenta de que el futuro no iba por ahí sino que fue capaz de hacer lo que nadie había hecho antes, encontrar un sistema de clasificación de las huellas dactilares sencillo y fiable. Así fue como identificó a 23 reincidentes en un solo día, o como resolvió el caso de asesinato de Francisca Rojas, en el que las huellas encontradas en un trozo de madera fueron suficientes para que la madre declarase haber asesinado a sus hijos que se interponían entre ella y amante. En 1894, un nuevo director de la policía abolió el "bertillonage" y adoptó el sistema propuesto por Vucetich, convirtiéndose Argentina en el primer país en adoptar la dactiloscopia como sistema de identificación.

Un duro golpe que Bertillon, ni quiso, ni supo entender. Muchos países abandonaron la antropometría como Hungría, Austria, Dinamarca, Alemania...  Inglaterra también adoptó el nuevo sistema, tras el escándalo del "Caso Beck", el mayor caso de error en una identificación criminal, y así quedó reducido el último bastión del "bertillonage" a Francia.

Pero el destino aún le tenía preparada una cruel jugarreta a Bertillon. Porque en el caso de asesinato Joseph Riebel, gracias a la fotografía de una huella dactilar del lugar del crimen, se pudo identificar al autor del mismo y algunos incluso le adjudicaron como burla el descubrimiento de la dactiloscopia. Algunos periódicos, le retrataban en sus caricaturas con una lupa buscando huellas dactilares.

Así es como llegamos a principios de 1914, cuando un enfermo Bertillon recibe la visita de un ilusionado Juan Vucetich que ha viajado desde Argentina para conocerle. Bertillon le hace esperar, se viste para recibirle y cuando simula abrir la puerta para dejarle entrar, le da con la puerta en las narices diciendo...
"Señor, usted, ha intentado hacerme todo el mal que ha podido" Alphonse Bertillon.

Poco después de la visita, el 13 de febrero de 1914, Bertillon fallece y con él, su obra el "bertillonage", desaparece. Supongo que debe ser duro y difícil de superar, ver como tu criatura, tu creación es superada y barrida como si no hubiese existido nunca. De todas formas Bertillon, no debía haber sido tan duro con el ilusionado Juan Vucetich, al que el destino también le deparó un duro final en la miseria, abandonado y olvidado. "Esas dichosas manchitas..."

6 comentarios:

  1. No conocía la historia, me encantó. Muchas gracias Cristina por recogerla aquí. Me encante el blog, un saludo...

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    1. Muchas gracias, me alegra que te haya gustado, la historia está llena de sorpresas y casualidades, un saludo :D

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  2. Las huellas y el ADN son lo mejor pero a veces no hay de los dos y el método antropométrico todavía se utiliza y es muy fiable. Todos aportan y es curioso que un hombre como Bertillon que tuvo que luchar contra la incomprensión de su nuevo método, fuese tan poco comprensible con el de los demás. Cuestión de egos. Buen artículo. Saludos.

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    1. Supongo que de eso iba la cosa, cuestión de egos como muy bien dices, porque realmente él fue quien aplicó el método científico a la identificación criminal, fue pionero y un precursor de la nueva criminología. Un abrazo Ainhoa.

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  3. Conocía solo parte de la historia (ya te imaginarás cual), y me ha encantado toparme con el resto.

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    1. Tuve una época en la que me dio por la Criminología y la verdad es que es fascinante. Un abrazo.

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Quiero agradeceros que visitéis mi pequeño rincón. Vuestros comentarios me animan a seguir cada día. Un abrazo :D

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