5/12/13

¡WhatsApp, Gusa, Guaspa, Uasap ... vaya con la palabreja que ha revolucionado la comunicación!

¡WhatsApp, Gusa, Guaspa, Uasap... vaya con la palabreja! Seguro que lo habéis oído nombrar de muchas maneras, sobre todo a la gente mayor que a veces va un poco a remolque de todas estas novedades, aunque los hijos y nietos se empeñen en que estén al día. Y seguro que si le pedís a mucha gente que lo escriba dudará un poco antes de hacerlo. Sí, hoy toca hablar del omnipresente WhatsApp, esa aplicación de mensajería instantánea que ha irrumpido de tal manera en nuestro día a día, que ya no sabríamos vivir sin ella.

Que las nuevas tecnologías de la información influyen de forma significativa en nuestra vida, eso no lo niega nadie a estas alturas. Es más, la evolución tecnológica y la social siempre caminaron a distinta velocidad, yendo la primera inevitablemente por delante. Sin embargo, de vez en cuando aparecen determinadas tecnologías, aplicaciones o inventos, como los queráis llamar, que en muy poco tiempo arraigan en nuestra vida modificando incluso hábitos diarios, como si la vida sin ellos no fuese posible.

Nacimiento de la Criatura.

WhatsApp Messenger Inc fue fundada en el 2009 por Jan Kun y Brian Acton, extrabajadores de Yahoo. Siempre tuvieron muy claro que no querían una aplicación plagada de anuncios y publicidad, sino un servicio con el que la gente pudiese ahorrar y hacer su vida más fácil. Y vaya par de visionarios, porque con más 5000 millones de líneas telefónicas repartidas por el mundo, quien se podría resistir a una aplicación así. ¿Y para qué hacer difícil lo fácil?, "What`s up" que podemos traducir por ¿qué pasa? y App, abreviatura de Application, la criatura ya tenía nombre, WhatsApp.

Hasta los que se resistieron al móvil, que lo veían como el gran intruso de nuestra intimidad, han acabado rendidos ante esta aplicación.

El WhatsApp y su efecto perverso.

Con el WhatsApp esta ocurriendo algo un tanto curioso diría yo. Es una aplicación que ha borrado del mapa a los SMS, que ya parecen de otra época, y que nos acerca y facilita la comunicación con nuestro entorno haciéndola más fluida y variada, pero a la vez tiene un efecto perverso que nos separa y aisla de los demás, y en algunos casos provoca en la persona un estilo de comunicación caso obsesiva. 
"Lo más importante de la comunicación es escuchar lo que no se dice" Peter Drucker.

Y si no que se lo pregunten a los 28 millones de parejas que parece ser que se han separado con la intervención de por medio de Facebook o WhatsApp. El estudio de CyberPhycology y Behaviour Jorunal, salió publicado el pasado mes de octubre, y afirma cosas tan curiosas como que ...

El "doble check" parece ser el culpable de la mayoría de las rupturas. Cuando envías un "Gusa" a otra persona, te aparece un visto bueno en verde como que el mensaje ha sido enviado correctamente. Y a ese símbolo le sigue después un segundo aviso también en verde, que indica que el destinatario lo ha recibido en su dispositivo. Recibido sí, pero no leído... este aspecto generó mucha confusión ya que mucha gente pensaba que ese aviso era la confirmación de que había sido leído, y si lo ha leído porque no contesta... Esa angustia unida a nuestro recurso a interpretar la vida según nuestro estado de ánimo, a pensar mal, muy mal, a ponernos la venda antes de que nos den la pedrada, y al indicador de cuando fue la última vez que se conectó la persona  destinataria, parecen ser los causantes de los problemas.

Sí, el WhatsApp te permite conectarte con esa persona persona deseada de forma rápida y sencilla, pero para muchos se convierte en una perfecta herramienta de control. El otro día sin ir más lejos al salir de una jornada escuche una conversación, por casualidad (no creáis que voy por ahí escuchando conversaciones ajenas), en la que un hombre se quejaba de un WhatsApp recibido de una amiga, con una foto suya con otra mujer en esa misma jornada, y la emisora le pedía explicaciones sobre lo que hacía y sobre la identidad de la acompañante. 

Por si todo lo dicho fuese poco, el WhatsApp, tiene la capacidad de hacer que nos evadamos de tal manera que nos olvidamos hasta de las personas que tenemos delante. Pongamos un ejemplo, visualizar un grupo de gente reunida alrededor de una mesa o en la barra de un bar tomando algo, hasta ahí todo normal, lo que no lo es si miráis con detenimiento es que no hablan entre ellos, todos tienen en sus manos el móvil y están manteniendo conversaciones vía WhatsApp con amigos que no se encuentran allí. Para eso no hace falta salir de casa, puedes hacer lo mismo sentado en tu sofá. No me extraña que haya restaurantes en los que se dejan los móviles en el centro de la mesa como en un deposito para que la gente desconecte y converse con sus acompañantes.

Y que me decís del siguiente ejemplo, estás con alguien y de repente suena ese tono machacón que llevas oyendo todo el día (te dan ganas de silenciar no solo al grupo de "Uasap" que no te deja vivir, sino también al propietario del teléfono). Pero a lo que íbamos, el destinatario recibe un mensaje y ves como sonríe muy contento por la ocurrencia que acaba de leer, contesta rápidamente, llega la respuesta, carcajada, contestación, más carcajadas.... Que sensación de soledad, de abandono, de sentirte de más, de exclusión, te mueres por saber de que están hablando y qué es tan gracioso. 

¿Qué os parece esta?, miembros de la misma familia que para pedirse las cosas ya no recurren al uso tan español de vocear del salón a la cocina, es más cómodo y parece ser más civilizado mandar un "Guaspa" para hacer nuestra petición, e incluso iniciar una conversación entre habitaciones contiguas.

Además la gente con el teléfono, se corta un poco para llamar a deshoras, pero para mandar un WhatsApp no, claro que no... Las dos y media de la mañana es tan buena hora para enviar uno, como las siete (y siempre te acuerdas en ese momento de que olvidaste silenciar uno y otro grupo). Y digo yo, si tienes que silenciar los grupos en los que estás para poder ser libre y disfrutar de soledad, o de tu sueño, para que formas parte de ellos.

¿Es que no puede esperar? ¡Un poco de educación!

Además se rompe el encanto y se pierden momentos increíbles, no ya con el dichoso WhatsApp, sino con el móvil en sí. Yo recuerdo de pequeña tener que esperar a llegar a casa, o a que mis padres volviesen del trabajo para poder dar la gran noticia. Ahora no, te pasa cualquier contratiempo y te faltan segundos para llamar a alguien para contárselo, da igual a quien sea y dónde estés, en medio de la calle, pagando el billete del autobús, sentados en el..., cualquier lugar es valido. 
¿Es que no puede esperar?, ¿tenemos una necesidad de comunicarnos tan fuerte que hasta conduciendo hay que contestar el último WhatsApp que nos llegó?, ¿somos verdaderos adictos a la inmediatez?, ¿nos aterroriza el silencio, el vacío, la soledad con nosotros mismos?...

No sé que contestaros, pero algo nos está pasando, a mi de pequeña me enseñaron que cuando se habla con alguien se le mira a los ojos, que se debe escuchar a la persona que te habla, que no se cuchichea, ni se dicen secretitos. Y exactamente eso es lo que hacemos cuando interrumpimos una conversación para contestar un mensaje, cuando ignoramos a la persona que nos habla y nos ponemos a jugar con el teléfono, nuestro instinto de réplica se vuelve feroz y nada importa más que contestar o descubrir que hay detrás de ese tono que volvió a sonar. ¡No cortaros y mirar el WhatsApp que por hoy ya he acabado!

6 comentarios:

  1. Comparto los conceptos vertidos en tu entrada. Pienso que estamos dejando que las máquinas manejen nuestra vida y esta convirtiéndose en algo peligroso.

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    1. Es cierto Mirta, por lo general, no tenemos termino medio y olvidamos rápidamente cosas realmente importantes, un abrazo :D

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  2. Ays...yo realmente odio el whatsapp...el telefono..los sms.. Antes que enviar whatsapp, prefiero levantar el tubo y hablar..y lo justo y necesario. Tampoco me gusta hablar mucho por telefono. Salvo que sea una conversación interesante.
    Totalmente de acuerdo contigo. De todos modos, creo que depende de cada uno poner límites y utilizar estos medios para una mayor comodidad y no para volvernos dependientes y esclavos de los mismos. Gran entrada! Un abrazo =)

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  3. Tú lo has dicho poner ciertos límites, precisamente lo que hacemos, un saludo Soledad :D

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  4. Respuestas
    1. Supongo que a veces nos dejamos cosas por el camino...

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Quiero agradeceros que visitéis mi pequeño rincón. Vuestros comentarios me animan a seguir cada día. Un abrazo :D

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