15/5/13

La regla mágica del 21: ¡Nuevos Propósitos!



Hoy vamos a comenzar haciendo un pequeño experimento, vamos a cruzar los brazos… ¡Sí, sí, cruzad los brazos!. Si ya lo habéis hecho me gustaría que los cruzaseis al revés, eso es, de la forma contraria a la que soléis hacerlo. Supongo que os sentiréis incomodos en esa posición, o incluso, como es en mi caso aún estaréis pensando cómo hacerlo.

Ahora quiero que cojáis un bolígrafo y escribáis en un papel vuestro nombre, dependiendo de si sois diestros o zurdos lo habréis hecho con el brazo derecho o izquierdo. Ahora quiero que escribáis pero con la mano contraria. ¡A escribir!... 

Además de que la letra será un desastre y habrá perdido su estilo normal, habréis empleado más tiempo y habréis notado mayor dificultad para hacerlo.

Lo que hemos hecho es intentar cambiar de golpe hábitos muy arraigados dentro de nosotros mismos. Y como habéis vivido, lo que sentimos al hacerlo es resistencia inicial y desconcierto. Una persona puede modificar un hábito cotidiano en una media de 21 días (en el caso de acciones como la escritura el tiempo se alarga más). Sí eso es así, ¿por qué no lo hacemos?, ¿por qué mantenemos esos malos hábitos que está claro que no nos proporcionan resultados positivos?.

En el libro, “El monje que vendió su Ferrari” se enuncia “la regla mágica del 21” que afirma que...
Para que una persona convierta un comportamiento en un habito positivo, hay que realizar esa actividad durante 21 días seguidos.

No conseguiremos borrar esos malos hábitos, pero sí comenzaremos a sustituirlos. Eso sí, hay que aplicar tanta energía a ello que prácticamente el viejo hábito se retire por sí solo. Se trata de incluir una actividad en nuestra rutina diaria de la misma manera, a la misma hora,…, y convertirla en un hábito.

La regla mágica del 21: Nuevos Propósitos

El comportamiento que queráis cambiar dependerá de cada uno (levantarse más temprano, leer una hora diaria, hacer ejercicio, escribir, comer más saludablemente, etc.). Ahora bien lo que sí es importante y necesario es la constancia y que sea diario.

Sentiremos resistencia y la inercia de seguir con nuestros antiguos hábitos pero si dejamos de pensar y nos dedicamos a actuar, estas acciones acabarán creando hábitos sólidos y duraderos.

La ley del mínimo esfuerzo puede ser que esté bien a corto plazo, pero resulta muy dañina a medio o largo plazo.

Y a predicar con el ejemplo, yo hace casi dos años que camino 45 minutos diarios para evitar el sedentarismo que a veces nos invade y os aseguro que es muy gratificante, además de que he notado resultados muy positivos. 

Algún día me cuesta más que otro pero nunca dejo de hacerlo.

¡A actuar!.

4 comentarios:

  1. Gracias Cristina, da gusto encontrarse a gente tan positiva como tú. Siempre me animas el día. Un abrazo muy fuerte

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  2. Pues ahora tú me acabas de regalar una sonrisa. Un abrazo

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  3. no he leído el libro del monje que vendió su Ferrari. Para convertir un habito en un comportamiento positivo no se requieren 21 días. depende de cuan fuerte sea tu deseo de cambiar. Pero aunque tu deseo sea muy pequeño la constancia de realizarlo todos los días. Te lleva a que tu deseo de cambiar a ese acto ´positivo sea más fuerte y en consecuencia logras hacer el cambio.

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  4. Estoy contigo de que no es una regla matemática, depende de cada persona y del hábito que estemos hablando. Yo entiendo más bien que en 21 días es posible cambiar un hábito como media. Un saludo Klaud2

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Quiero agradeceros que visitéis mi pequeño rincón. Vuestros comentarios me animan a seguir cada día. Un abrazo :D

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